02/04/2026
Dra. Teresa Ratto. A 120 años de su fallecimiento
La Dra. Teresa Ratto, falleció muy joven, con apenas 29 años de edad, el 2 de abril de 1906, hace hoy, 120 años de ese triste hecho. Fue la primera mujer en egresar con el título de bachiller del Colegio del Uruguay Justo José de Urquiza y la primera doctora en medicina de la provincia de Entre Ríos. Había nacido en su casa, Washington (hoy calle Dra. Teresa Ratto) y Venezuela (hoy Artigas), el 13 de febrero de 1877.
Teresa falleció de peritonitis, aunque en el acta de defunción, firmada por el Dr. Gregorio Fraga figura como la causa de su muerte “Entero Colitis”. El deceso se produjo a las 18,30 horas de un lluvioso día otoñal, en su hogar natal.
Poco más de un año antes de su fallecimiento, el 19 de septiembre de 1904, había mu**to, a los 23 años, uno de sus hermanos, Aníbal, de la misma dolencia que la llevaría a la tumba: Peritonitis (Apendicitis en el certificado médico extendido por el Dr. Agustín Sáenz Samaniego). Ella, ya doctora junto al Dr. Samaniego y el Dr. Salvador I. Marino, llegados a tal efecto desde la Capital Federal, trataron de hacer lo necesario para salvarlo, pero le fue imposible. Aníbal fallecería a las cinco de la tarde.
Tal vez esa gran impotencia de ver que todos sus esfuerzos no alcanzaron para salvar a su hermano, sumado a su físico ya debilitado por las secuelas del tifus y su profunda dedicación a su profesión, convinieron a demorar aún más se preocupación por su propia salud y generaron las condiciones para su prematura muerte. Era evidente que en sus últimos días, su aspecto era muy frágil y delicado, como muchos discursos lo harán notar en el momento de su sepultura.
La “Peritonitis” como causa de muerte es publicada en un artículo del periódico “La Juventud”. Pero, ¿cómo puede explicarse que en el certificado de defunción figure como causante de su muerte “Entero Colitis”? Esta última enfermedad es una inflamación que ocurre en el intestino grueso y delgado, la cual causa síntomas como dolor de estómago, vómitos, pérdida del apetito, fiebre, diarrea y distensión o hinchazón abdominal.
En el caso de Teresa, la enfermedad de origen fue la enterocolitis, probablemente la referida en la época como “enterocolitis vicerosa”, un cuadro severo del intestino que provoco una perforación en el colon que dio origen a una peritonitis que finalmente fue imposible de curar. Es importante decir que a pesar que Teresa conocía los síntomas de la enfermedad de base, no se hizo tratar y fue demorando esto hasta que fue demasiado tarde.
El hecho que Teresa haya sufrido de Tifus en el pasado, puede haberla predispuesto para que haga eclosión esta enfermedad con tal virulencia.
Como era de suponer, su temprano deceso ocasionó un hondo dolor en la población de la ciudad de poco más de 20.000 habitantes. Apenas enterada la población de la triste noticia, la casa mortuoria se fue llenando de familiares, amigos de la familia y de sus copoblanos.
“Pareciera que el cielo se hubiera prestado para hacer más lúgubre, más negra, más tétrica la noche!.. Pareciera más imponente el trueno retumbando en el espacio, como si derramara sobre los corazones sensibles un lamento de dolor! (…) Teresa Ratto acababa de morir!! Y las nubes se abrieron derramando a aquella hora, muchas gotas, grandes gotas que tibias chocaban sobre el rostro llevando al corazón el presentimiento de un dolor”. Así encabezaba el periódico “La Juventud”, en su edición del 3 de abril la noticia de la muerte de Teresa.
Su cuerpo fue cubierto por una mortaja de seda y poco después, colocado en una capilla ardiente dónde fue velada hasta la tarde del día siguiente.
Alrededor del ataúd fueron depositadas más de cincuenta coronas de flores. Algunas de ellas fueron depositadas por: Ángel Ratto y familia; Personal docente del Colegio del Uruguay; Sabina R. de Ratto y familia; Personal docente de la Escuela Normal; Clara Barattini de Ratto (su tía); Inocencio Suilar y Sra. y Julio Henri y Sra.; etc.
La familia recibió numerosas cartas y telegramas de pésame, todas recopiladas posteriormente, el 1907, en un folleto denominado “In Memoriam. Srta. Dra. Teresa Ratto” (Editado por “La semana Médica” de Buenos Aires), entre las primeras puede citarse la de Elvira Rawson (la segunda médica argentina) y Cecilia Grierson.
También la familia recibió numerosos telegramas, entre ellos, los de las “Universitarias Argentinas”; de José B. Zubiaur, de Julieta Lanteri: y de Cecilia Grierson.
Luego del velatorio, se realizó se realizó el sepelio a las 16,30 horas del 3 de abril. En el panteón la despidieron el Dr. Eduardo Tibiletti, por la Escuela Normal, el Sr. Miguel Bordato, por el cuerpo docente del Colegio Nacional y el alumno de quinto año del colegio Victorio M. Delfino.
Eduardo Tibiletti se refirió de esta manera a Teresa: “La Escuela Normal se asocia también al dolor, ante este árbol caído, rodado por el declivio (SIC) y que ya corre por el caudaloso río sin término, cuyas aguas no se remontan jamás. (…) La impresión de esta sociedad por el fallecimiento de la doctora Ratto corresponde a lo inesperado de la desgracia. Así se explica que sea un sentimiento de profunda tristeza el que nos sobrecoge ante la caída de esta joven luchadora que desaparece antes de haber podido coronar con una obra definitiva, la columna trunca de su esfuerzo (…) La doctora Teresa Ratto era buena, fundamentalmente buena. Adusta en sus maneras, no obstante la bondad era una emanación de su alma y sus amigas admiraban el fondo inagotable que guardaba en su tesoro” (…) Como perenne homenaje a tan preciadas virtudes, te ofrezco Teresa desprender del gajo de siemprevivas que trigo a un ser inolvidable –que también aquí descansa un eterno sueño - Algunas flores para que no marchite tu recuerdo. Tan merecido lo tienes”.
Su fallecimiento causó honda repercusión, y diarios nacionales como La Nación y La Prensa se hicieron eco de ellos, así como también diarios de Concordia y de Paraná.
Más de un mes después, el domingo 13 de mayo de 1906, llegaba a nuestra ciudad un grupo con formado por “Universitarias Argentina” de la cual había participado en su creación, integrantes del Centro de Estudiantes de Medicina y de la Asistencia Pública porteña junto a José Zubiaur y Cecilia Grierson con el fin de rendir un postrero homenaje que consistiría en la colocación de cuatro placas en el panteón donde descansan los restos de Teresa Ratto.
Ese día, poco después de las 8 horas, arribaron las delegaciones, que se trasladaron desde Buenos Aires en v***r Rivadavia, a la Escuela Normal para rendir homenaje a su memoria.
Allí fueron recibidas por una comisión designada al efecto y aguardaron la hora para dirigirse hacia el cementerio. Esa jornada llovió torrencialmente, por lo que el mismo se llevó a cabo en el salón de actos del colegio desde las 10 de la mañana. Allí hicieron de la palabra la Dra. Elvira López, por las universitarias, María Becker por la Asistencia Pública, Alejandro Ceballos por los estudiantes de medicina, Rosa Buzzalino a nombre de las maestras y Carlos María Muape por los ex compañeros de la Dra. Ratto. Sabina Tachella, agradeció la demostración en nombre de la familia de la homenajeada.
La numerosa delegación porteña estaba integrada, entre otras personas por Cecilia Grierson, Albertina Pons, Petrona Eyle, Elvira López, Argentina Zubiaur, Lucio Correa Morales y Jose B. Zubiaur.
Luego de este sentido acto, y dado el mal tiempo, las actividades consistieron en visitar la Escuela Normal y el Colegio, donde el ex rector Zubiaur explicó la importancia histórica de esas aulas. Luego, la delegación se dividió, algunos, pese a la lluvia, fueron hasta la tumba de Teresa Ratto, todavía cubierta por las flores dejadas desde su sepultura, otros visitaron a sus padres.
A las tres de la tarde, las delegaciones visitaron “La Fraternidad”, recorriendo sus instalaciones por espacio de una hora, luego de lo cual se sirvió un lunch a los presentes. A continuación y por invitación de la Sra. Ambrosia Leffebre de Del Catillo, las delegaciones se dirigieron a realizar una visita por el Hospital de Caridad, esto sucedió a la cinco de la tarde. Aquí fueron recibidas por Ambrosia L de Del Castillo, Ana Jorge de Ugarteche y Carolina Rivero de Plöt.
A las dieciocho horas, el Ing. Henri puso a su disposición un v***r en el que se trasladaron hasta el “Rivadavia” para retornar a Buenos Aires.
El 16 de mayo, se realizó un acto en el cementerio local, frente al panteón donde descansan los restos de Teresa en el cual fueron depositadas en dicho sitio las placas que habían sido traías desde Buenos Aires y que, por las razones climáticas ya descriptas, no se habían podido colocar en ese momento. Esta acción fue presidida por Trinidad Moreno, Albertina Pons y José B. Zubiaur, los que fueron acompañados por un grupo de señoritas jóvenes y contó también con la presencia de alguno de los familiares directos de la malograda Doctora.
La figura de esta mujer que nos orgullece a los Uruguayenses, es meritoria por su inteligencia, por su personalidad, por sus dotes morales, pero por sobre todo por imponerse con sus ideales a una época en que la mujer por su condición de tal tenía vedado el acceso de manera directa o velada a diferentes lugares y espacios tanto educativos como políticos.
Hoy sus restos descansan en el cementerio local en el panteón de su familia y se puede apreciar parte de sus pertenencias personales en el Museo Histórico del Colegio del Uruguay, Justo José de Urquiza, que fueron donadas por su sobrina nieta Teresa Ratto.
Texto extraído del libro próximo a editarse “Teresa Ratto, una mujer distinta en la Uruguay del siglo XIX” de Virginia Civetta y Carlos Ratto