Por reservas e informes, enviemos un whatsapp a +5493815666346 "Alójese aquí con la paz de los viejos tiempos" reza un cartel bajo el rústico pórtico que da acceso a la vieja casa de Estancia Los Cuartos, en Tafí del Valle. La energía de los dueños está al servicio de que la promesa se cumpla. Quien allí decide quedarse o simplemente visitar el lugar, vivirá la sensación de haber sido esperado.
La estufa encendida en los días fríos o las ventanas abiertas para que entre a raudales el sol, crean una atmósfera de bienvenida, igual que la sonrisa de Paula o María, hijas de la tierra, o de Mercedes y su familia, los dueños. Gruesos muros de adobe, cielorrasos de paja, amplia galería al norte, mobiliario más que centenario impregnado de la historia familiar, profundamente vinculada a la historia misma de Tafí del Valle... A las tres culturas aborígenes originarias se les rinde homenaje en el "guardapatio", desde un conjunto de piedras donde conviven un "menhir" de 2000 años; morteros, "conanas" y "pecanas", igualmente milenarios, y una "apacheta" que guarda una ofrenda a la Pacha Mama. La historia colonial se refleja en el comedor, la biblioteca y las habitaciones del ala oeste del patio central, que datan de más de 200 años, época en que Lidia Zavaleta Silva de Chenaut, tatarabuela de la dueña, construyó el edificio tal cual es hoy. Pero mucho antes aún, el primer dueño "blanco" del valle todo, el encomendero español Don Melián de Leguisamo y Guevara, habría levantado, en el siglo XVII, y en el lugar que hoy ocupa la casa, un centro administrativo. Años y dueños después, llegaron los jesuitas, amables amos de la región durante el siglo XVIII, quienes habrían construido sobre este mismo lugar, una quesería. Ellos fueron los introductores de la receta del queso manchego, que devino queso de Tafí, desde entonces la artesanía de más prestigio. En Estancia Los Cuartos, y en lo que fuera la humilde cocina de la casa, se sigue fabricando con la receta original. Las oscuras y fuertes manos de Santos Lucio Casimiro consiguen, día a día, reeditar el manjar que deslumbró a Sarmiento, a Vélez Sarsfield, al mismo De Gaulle...
Una majadita de llamas, cuyos nombres remiten a dioses y espíritus protectores de la mitología calchaquí, vive en los alrededores de la casa que ha quedado rodeada por el pueblo y separada de lo que fueran sus 14000 hectáreas de campo, divididas hace más de treinta años, pero capaz de albergar en su actual predio, delimitado por corrales de "pirca", toda la paz de la tierra. Recordar el pasado para vivir con amor y confianza el rotundo presente... Por eso, a cada paso, un texto desde las paredes o la voz de los dueños o del personal a cargo relatan en tono tranquilo lo que allí sucedió; lo que fue y lo que es. Los huéspedes, alojados en habitaciones que llevan los nombres de antepasados -Tata Eugenio, Tatarabuela Lidia, Mama Lola...- , desayunan con pan casero, mermeladas exquisitas elaboradas por familias del valle... Todo, con los cerros de Tafí como testigos e inmersos en un ambiente doméstico, sencillo, de casa de los abuelos...
Luego podrán vivir una experiencia inédita en nuestro MUSEO EXPERIENCIA.