27/12/2025
Esto no fue más que un pequeño gesto que surgió por la indignación de ver en lo que nos hemos convertido y por el afán de reconocer que somos lo que odiamos y lo que amamos, lo que nos hierve la sangre y la indiferencia más pura, es triste ver que estamos condenados a vendernos por pesos…siempre escuché eso de que el dinero nunca será el suficiente, con el tiempo me doy cuenta que esa carencia de límites también existen en nuestros principios, al parecer siempre podemos correr esa pared un poquito más; no es tan malo cuando somos nosotros quienes lo hacemos pero si alguien más lo hace es nefasto e inaceptable. No obstante, el reconocimiento de esta hipocresía y/o dualidad no es equivalente a la resignación, al contrario, creo que si no problematizamos nuestro rol en la sociedad, no hay forma de “avanzar”, si es que se le puede llamar avanzar a algo en este mundo de mi**da que hemos creado.
Va por los habitantes de calle que vieron primero una casa volando que una en la que puedan vivir, por las mujeres y niñas abusadas sexualmente que tuvieron que ver como adornaban con pintura y discursos chimbos el sistema de transporte público más inseguro del país, por las victimas de la represión policial y estatal, por las infancias y adultos mayores que su precariedad los ha hecho parte del paisaje urbano, por los vendedores ambulantes que fueron desplazados de sus lugares de trabajo en nombre del arte y la cultura. Por Yuliana y por Rosa que desde lejos miran como ponen la palabra felicidad y Bogotá en la misma oración.
Gracias a las personas que sacaron de su tiempo para ir y hablar al respecto, por el apoyo y por aquella acción de mirarse en ese espejo y ver que a la final somos tan infames como el resto.