25/05/2026
LA HISTORIA DEL PATRIOTA QUE MURIÓ POBRE Y ENJUICIADO Y FUE ENTERRADO EN LA MANZANA DE LAS LUCES
Juan José Castelli fue una de las figuras de la Revolución de Mayo. Hijo de un médico veneciano y primo segundo de Manuel Belgrano, se formó en el Real Colegio de San Carlos, continuó en el Monserrat de Córdoba y culminó en la Real Academia Carolina de Practicantes Juristas de Charcas. También ejerció el cargo interino de secretario del Real Consulado de Comercio de Buenos Aires.
En la Revolución de Mayo, participó en las conspiraciones que llevaron a la destitución del virrey Cisneros. Su discurso en el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810 atacó a quienes defendían al virrey y argumentó que, ante la ausencia del rey Fernando VII, la soberanía volvía al pueblo. Este discurso le valió el reconocimiento de “orador de Mayo”. Tras la conformación de la Primera Junta de Gobierno, Castelli fue designado vocal junto a Mariano Moreno, con quien compartía ideas.
Más adelante, fue el responsable de ejecutar al exvirrey Liniers y otros contrarrevolucionarios en Córdoba, y nombrado representante de la Junta en el Ejército Auxiliar del Alto Perú, con poderes políticos y militares extraordinarios, para asegurar la lealtad de las provincias y enfrentar a los realistas.
Durante su campaña, y tras la victoria de Suipacha, estableció su gobierno en Chuquisaca y Potosí. Promulgó el fin de la servidumbre y la igualdad de derechos para los indígenas. Repartió tierras, autorizó el libre comercio y abrió escuelas bilingües. También continuó fusilando realistas.
La derrota de Huaqui, el 20 de junio de 1811, selló su triste destino. De regresó a Buenos Aires, descubrió que el saavedrismo había barrido del gobierno a los morenistas. Castelli fue arrestado, enjuiciado por la derrota militar y, lo más irónico para aquel que había hecho de la palabra su arma, un cáncer de lengua le quitó el habla, no pudiendo defenderse en el juicio.
Pobre y enfermo, aquel brillante orador murió el 12 de octubre de 1812. El juicio quedó inconcluso y sin condena firme.
Los restos de este patriota descansan en la Manzana de las Luces, dentro de la Iglesia de San Ignacio de Loyola.