07/07/2025
Visitamos Latente, la muestra de Eduardo Cardoso en la Fundación Cervieri-Monsuarez en José Ignacio, Uruguay. Curada por Elisa Valerio, fue el envío de Uruguay a la 60 Biennale de Venezia, 2024.
Detrás de una imponente y quirúrgica puerta de acero corten ingresamos a la gran sala de la Fundación CM. Inmediatamente se instala sobre nosotros el clima sensible de la obra de Cardoso en contraste con la más institucional de las bienales globales, Venecia. Cardoso juega, evoca a la amistad, se apropia de las paredes de su taller y las lleva consigo, como la casa portante del tatú carreta. Flirtea con el Tintoretto, da vueltas sus obras y nos impide verlas. Despoja, viste, cose, descose, pega, rasga y se aventura en el stacco. No desperdicia nada. Hasta allí la experiencia Cardozo es exquisita y esperable. Sucede lo que esperábamos que sucediera: buen arte en tierra noble.
Con ese corazón lleno descendemos a las entrañas de la muestra, o del mundo. Una cortina de dudoso gusto nos hace girar a la izquierda y nos mete en una sala oscura, sin ángulos rectos. En el centro algo crece, ni es árbol ni es cable, pero es todo eso junto. Lo rodea una delicada cinta sonora que danza al ritmo del latido del corazón. Es tan frágil la cinta como frágiles son las tres columnas que sostienen a la institución. Se escuchan suspiros, gemidos, un pájaro, que nunca sabremos si es el último, ruidos gástricos. Todo se vuelve sombrío e inquietante. Y si se corta la cinta? Y si ya no canta más el pájaro? Y si esas tres columnas, de las que emergen algunos libros, dejaran de sostener? Cardoso, con ayuda de Álvaro Zinno y Fabián Oliver, nos revela estos interrogantes. Salimos de la sala escuchando el sonido de dos (últimos?) suspiros.
Gracias Cardozo por invitarnos a cuestionarnos sobre la finitud.
Fernando Entin y José Luis Anzizar
Especial agradecimiento a la guía de la sala por su pasión y entrega!