19/07/2024
Vacaciones en la Federación Unida de Planetas (inspirada en la utopía de Star Trek). Por O.René Cisneros.
Hoy, fecha espacial 1907202.4, en las Termas de la Federación vi una familia de extraterrestres. El padre era inequívocamente Klingon, luciendo unas crestas craneales imponentes, y su presencia emanaba una mezcla de autoridad y desafío que hacía que todos a su alrededor mantuvieran una respetuosa distancia. La niña que estaba con ellos era Vulcana o quizás con algo de Ferengi, lo cual se notaba en sus raras y sobredimensionadas orejas y una cara ciertamente parecida a un ratón, pero no desagradable. Ella observaba todo con una curiosidad innata, típica de su juventud y mestizaje.
La Señora, por su parte, pudiera ser Betazoide o, de haber podido hacer un examen más minucioso, Bajoriana. Sus ojos oscuros y penetrantes sugerían una habilidad para captar emociones, una habilidad innata en los Betazoides. Sin embargo, un sutil pendiente en su oreja insinuaba sus raíces Bajorianas, llevando consigo la historia de su gente.
Me quedé en mi lugar, evitando miradas directas, sabiendo que los Klingon buscan cualquier motivo para separarte la cabeza del resto del cuerpo. Sin embargo, algo en la escena me intrigó más allá de la simple diversidad alienígena. Era la manera en que interactuaban, con una armonía y respeto que desafiaban los estereotipos sobre sus especies. El Klingon, con toda su rudeza aparente, hablaba con una suavidad que contrastaba con su temible apariencia. La niña, a pesar de sus orígenes mixtos, se movía con una gracia natural que sugería un profundo sentido de identidad.
De repente, la mujer, notando mi mirada furtiva, me sonrió con calidez. Un gesto tan simple, pero cargado de significado. Era una invitación tácita a comprender que, a pesar de las diferencias que nos separan, en esencia, todos buscamos lo mismo: conexión, familia y paz.
En ese momento, una llamada de la Federación en mi comunicador interrumpió mis pensamientos. Era una misión de rutina, pero al mirar de nuevo a la familia, me prometí a mí mismo recordar esa escena. Porque, en la vastedad del espacio y entre las muchas especies que habitan la galaxia, a veces, es en los momentos más mundanos donde encontramos las verdades más profundas.