27/11/2019
Como todes sabemos, el Teatro Argentino es un desierto.
En julio el Director General y Artístico nos comunicó que el Teatro estaba “quebrado” y por lo tanto el magro financiamiento prometido con el anuncio de temporada en Capital Federal, no llegaría. Tuvimos entonces que suspender primero y cancelar después todas las actividades planeadas, como los cursos y las producciones comprometidas. En este momento, nos encontramos con mucha expectativa al futuro yendo a diario a una TAE sin producción, sin cursos, sin docentes, sin alumnes; en definitiva, sin la esencia de la Escuela. Un páramo.
Ya por decisión de Jorge Telerman y como parte de ella el cambio de gestión por él propuesto en julio de 2014 en el Teatro, la TAE dejó de ser considerada como parte de las políticas públicas de impulso al arte y la cultura, a la formación de jóvenes y al incentivo de artistas. A partir de ahí entramos en caída libre, ya que nos vimos obligades a hacer malabares de financiamiento y subsistencia, lo que nos fue alejando de nuestro objetivo inicial y principal para seguir hacia una formación gratuita de artistas y técnicos profesionales a través de la producción conjunta, generando contenido y nos impidió continuar programando, realizando y produciendo en concordancia con esto.
Como publicamos en su momento, las rejas exteriores que tanta angustia generaron en el público, no se trataban más que de una metáfora que aludía al inicio del vacío escénico que en estos últimos casi cuatro años, llegó a su máxima expresión. Sin producción no hay teatro y la peor reja era la que se estaba levantando adentro. En nuestro caso, la TAE sigue tan paria como hace nueve años, sin pertenecer a la estructura funcional, esto se traduce en: sin presupuesto para actividades, sin agua (porque el recorte de dinero llegó hasta los tres bidones semanales que le daban a la totalidad de la escuela en un edificio donde el agua no es apta para consumo humano) y sin condiciones laborales dignas.
Este año no hay fiesta de cierre de ciclo porque en la cultura no tenemos nada para festejar, no sólo se han degradado instituciones (ex Ministerio de Cultura, el INCA, el propio Teatro Argentino, etc.) sino también que se han deteriorado las posibilidades de acceso a la oferta de producciones de arte (baja de espectadores en teatros y museos, como también cierre de salas y centros culturales).
Esta situación y en este contexto, enfatizó en nosotros una pregunta básica: ¿para qué formar?
Nuestra experiencia nos dice que no sólo es necesario formar para contribuir a la gestación de una escena contemporánea en permanente cambio, sino para que las próximas generaciones no permitan que vuelva a ocurrir la parálisis de pensamiento y creación que es una forma de estancar la libertad de expresión.
Aun así, agradecemos a todes y a cada une de quienes nos acompañaron, nos entendieron, nos sostuvieron y nos dieron fuerza este último año tan difícil. El próximo año será el año de lo posible.