06/12/2025
Titulo:Tarde volcada
Autor: Deodoro Roca
Técnica: Óleo sobre cartón
Fecha: invierno de 1929
Dedicado: A Germán Arciniegas
Por la amistad y el diálogo
1941
Deodoro Roca
DEODORO ROCA Y GERMAN ARCINIEGAS
“ La amistad y el diálogo “
Por JOSE CAMAÑO LANDAETA
Vaya tema el de la amistad, que desde siempre ha interpelado nuestra condición humana, y que en los caminos de la vida, ahonda en nuestra raigambre existencial. Para un pensador como Walter Benjamin, la amistad es un espacio de soledad compartida y reciprocidad desinteresada y que nos ofrece un refugio donde las experiencias individuales se vuelven irrepetibles y llenas de historia. Precisamente es, en este sentido, que podríamos recalar en la historia de la amistad entre Deodoro Roca y German Arciniegas, a partir del cuadro que supo regalarle Deodoro a ese gran ensayista y pensador de la América de siete colores, y cuya nieta ha querido hoy donar para que vuelva a la tierra cordobesa y quede a resguardo del Centro Cultural Deodoro Roca de Ongamira cuyo director H. Feliciano Supaga, se ha encargado de mantener viva la figura y el pensamiento del Verbo de la Reforma Universitaria de Córdoba.
Sabido es que el arte otorga mucha relevancia al pathos que suele asociarse a las emociones, no solo a las que el sujeto (artista) pueda sentir, sino también las que pueda hacer nacer en los demás, toda vez que contemplen su obra. Vaya uno a saber si este pathos fue cobrando forma en torno al nacimiento del afecto y la amistad entre Deodoro y Arciniegas, a partir de la observación persistente del escritor colombiano a esa pintura, y que Roca advertía mientras transcurría el diálogo que mantenían. Ese cruce de miradas se ve materializada en torno al cuadro Tarde Volcada y toda una simbólica se abre a partir de esa pintura que se presta a toda una hermenéutica.
Deodoro en una nota autobiográfica diría de sí: mi incurable romanticismo hizo siempre mi travesía dramática, hazañosa, rica en emociones intelectuales y en vida fantasiosa. Creo en el espíritu y en la suprema realidad del arte.” Y su arte encontraría en Ongamira el mágico ámbito para, en plena madurez, desarrollar sus ansias de pintar a la sombra del Colchiquin. Allí en esas tierras de comechingones, que saben de rebeldías y del dolor del exterminio español, Deodoro encontraba su refugio a donde ir a pensar…
Hoy nos enfrentamos a un cuadro que tiene por título Tarde Volcada que pintó Deodoro Roca junto al río de Córdoba en el invierno de 1929, y cuyas imágenes son una invitación al pensamiento, y a inmiscuirnos en su sentido y en su propósito, aún más allá de las didácticas y estéticas que pudieran enmarcarlo. Es cierto que, como lo sostiene Horacio Sanguinetti, “de golpe, renace en Deodoro una vieja afición por la pintura, pinta frenéticamente, con afán de aprisionar y compartir el paisaje que ama. Sus cuadros neoimpresionistas significan una reacción del color y las formas turgentes y cálidas.” Un rasgo esencial asoma detrás de su obra, que no es otro que el de parecerse a sí mismo. Es de reconocer el logro de la pintura de Deodoro que se plasma en conformidad con su sentir, configurando un sello de originalidad. Con su primo Octavio Pinto, que fueron compañeros de tantas correrías infantiles, en materia de pintura andaban detrás de estéticas que pudieran dar cuenta de un paisaje nativo. Es cierto que la obra de Deodoro se encuentra dispersa y difícil de ser ubicada. Aún cuando no fue nunca un entusiasta en exponer su trabajo, regalo casi todos sus cuadros, dibujos y caricaturas.
Este cuadro que hoy nos convoca, Tarde Volcada, fue precisamente un regalo que Deodoro le hizo a ese gran escritor y humanista colombiano German Arciniegas, cuando en 1941 lo visitó en el sótano de Rivera Indarte 544, en la ciudad de Córdoba, pocos meses antes de la muerte del autor del Manifiesto Liminar. Como diría Humberto Castello “El sótano de Deodoro durante más de veinte años fue una especie de encrucijada para todos los encuentros…” Era todo un meridiano cultural de esta Córdoba y por donde desfilaron todos los intelectuales que visitaron la Argentina en ese tiempo. Allí podemos nombrar a Ortega y Gasset, Waldo Frank, Stephan Zweig, Eugenio D¨Ors, German Arciniegas, entre otros tantos..
German Arciniegas, en un artículo que publico en el periódico El Tiempo de Bogota bajo el título “Deodoro el de Còrdoba” recordaba que cuando regresó a la Argentina, lo primero que preguntaba era por Deodoro Roca.
“Amigo sin verlo nunca, desde la revolución de Córdoba me sentí atraído por este ingeniero mágico, autor del Manifiesto de la Revolución Universitaria que le dio la vuelta a América. Supe que se encontraba en Córdoba. Pero bastaba decir su nombre para que una corriente de simpatía me abriera camino con todo el mundo. Deodoro era universalmente querido. Los más cercanos a él me decían ya en tono menor, no le quedan 40 días de vida. Todos saben menos él. Me fui a Córdoba a visitarlo. Lo encontré muy entero y pasamos revistas a nuestras revoluciones. Lo entusiasmaba lo de la Federación de Estudiantes de Colombia…Deodoro tenía un arte que no todos conocían…
“Lo que hicimos con Deodoro en esa tarde fue un primer balance de la revolución. Es claro que los planteamientos del Manifiesto han sufrido cambios sustanciales, que con la cátedra libre y la participación en el gobierno no iban a resolverse los problemas de una universidad que había perdido su eficacia por falta de instrumentos de trabajo para la época que vivimos. Pero hay que ver la distancia abismal que existe entre la de esa Córdoba antes de 1918 y la universidad que hay. El sacudón fue inmenso.”
“A medida que hablábamos, yo miraba con insistencia un cuadro que colgaba de la pared, frente a la silla donde yo lo escuchaba. Era una vista, al óleo, de las colinas donde 25 años antes vio apagarse la luz Manuel de Falla, el del Amor Brujo, desterrado de España. Como si le hubieran cerrado las abras de la ventana en una muerte tranquila.
Deodoro que seguía mi curiosidad, se levantò y despacio pero firme, fue a la pared, bajo el cuadro, lo puso sobre la mesa y con mano firme escribió:
“A German Arciniegas con la amistad y el diálogo.
1941 Deodoro Roca”
“Desde entonces tengo en mi estudio ese recuerdo, como si abriera las abras de una ventana imaginaria y viera lo que decía Valencia: Hay un instante del crepúsculo en que las cosas brillan más, como si las cabecitas de Fray Angélico se recostaran sobre almohadones de césped y una lluvia sutil de oro le cayera del cielo…
Cuando llega un argentino, se acerca a mi escritorio y le muestro el cuadro de Deodoro, se estremece.”
Córdoba, 6 de diciembre de 2025.