25/01/2026
Reflexiones de Eduardo Pincén más que necesarias en estos tiempos de tanta desolación.
Observando las últimas noticias, se puede afirmar que quienes caminan la historia con nosotros desde hace ya bastante tiempo, aún hoy, no saben a quién tienen al lado. Mucha agua corrió bajo el puente, mucho dolor acompañó (y acompaña) a los nuestros, las tierras, la cultura, casi todo en manos de otros, nuestra gente, excluida de toda voluntad política pase el gobierno que pase.
Tratados incumplidos, promesas rotas, aún hoy. No nos reconocen, nuestros mayores nos enseñan a no sentir odio, que es una mala energía, que uno debe estar en equilibrio, siendo joven es muy difícil contener esa tristeza, ese enojo y muchas veces las acciones no se condicen con quienes somos realmente.
Seguimos esperando a que nuestros hermanos y hermanas nos reconozcan, que observen los errores de sus antecesores y mejoren su trato para con nosotros.
Adjetivos calificativos ensucian la memoria de nuestros antepasados, no somos terroristas, tampoco violentos, aprendemos desde pequeños a estar en equilibrio con la ñuke mapu (madre tierra), encomendamos nuestro día a Nguenechen, cada día de nuestra vida es sagrado, cada acción en la vida lo es, nuestras relaciones con el medio son desde el respeto, pedimos permiso, dialogamos, con los Nguen para utilizar el agua, consumir una planta o extraer algo de la madre naturaleza, “lo importante es estar en equilibrio” dicen las abuelas.
Estamos a favor de dialogar, nos duele que desde distintos medios sigan hablando de nuestra gente desde un lugar muy despectivo, que nos traten de invasores o usurpadores cuando la historia saca a la luz la verdad de quienes estuvieron siempre en estos territorios, uno no puede desconocer lo que sucedió aquí, la mal llamada “conquista del desierto”, la intención de exterminio de un Estado nacional que abrazó la llegada de otros pueblos luego de casi exterminar a los nuestros, aun así, seguimos sabiendo que lo que perdimos difícilmente lo volvamos a tener. Gran cantidad de nuestros hermanos y hermanas está en las ciudades, lejos de su lugar de origen, por distintas causas (laborales, familiares o porque crecieron allí), aun así busca desde algún lugar relacionarse con su lof (medio material e inmaterial que da identidad al ser), estando lejos del lugar de origen, logran mantener su convicción.
No estamos ajenos a lo que nos rodea, sabemos de las intenciones que existen sobre nuestro lof, no somos parte del problema, si de la solución. Los medios de comunicación (no todos) se han encargado últimamente de demonizar al mapuche, intentan transformar la palabra mapuche en un sinónimo de terrorismo, promueven el odio a nuestra gente sabiendo que ellos son formadores de pensamiento, utilizan al mapuche como chivo expiatorio para justificar la saña que tienen intereses foráneos sobre nuestra gente. La clase política como siempre, mira para un costado, mientras todo esto sucede.
Somos hijos de la madre tierra, por esa razón cuando nos referimos a nuestros pares decimo peñi (hermano) o lanmien (hermana), acaso ¿uno odia a su hermano? ¿Le desea el mal al mismo?, nuestra cosmovisión nos enseña a respetar y a caminar desde cualquier diferencia pero a la par, que lo más importante es el nehuén (energía vital) que no solo lo tenemos los humanos sino también todos los seres de la naturaleza, todos somos hermanos y desde ese lugar nos relacionamos, somos iguales.
Nuestra gente jamás va a lastimar a otros, tampoco va a dañar cosas de otros, mucho menos incendiar porque en la acción se pierde mucho más que lo material, se daña a la naturaleza quienes actúen de esa manera, no actuarán como enseñan los mayores que lo debemos hacer, como mapuche debemos honrar y respetar lo que nos dicen los mayores. No somos lo que otros enfatizan, no somos violentos.
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https://elorejiverde.com/el-don-de-la-palabra/6219-ni-terroristas-ni-violentos