Estimado amigo:
me complace que le haya interesado mi pintura, me dedico a pintar desde que tengo recuerdo en ésta mi ciudad -Tucumán- caliente, nada ordenada, yo diría algo rea, con muchas contradicciones y, por todo esto, apasionante. Sus calles se perfuman de azares en la primavera los que se convierten en naranjas agrias en el invierno. También hay lapachos, los hay rosas, blancos y amarillos,
son un verdadero espectáculo. Aquí está clavado mi caballete y ha sacado raíces que son mis raíces. Un mundo que como el de cualquier otro artista se nutre de las cosas próximas y propias para llegar a lo que es de todos; mi pintura es diferencialmente personal, íntima en ocasiones, pero rebasa la anécdota local y sentimental para ser simplemente universal. Siempre he evitado la dispersión que puede matar al arte y que traen los viajes -el andar de un lado a otro- como buscando lo que, creo, está cerca o no está en ningún lado, en lugar de ello me he saciado con la luz que por las mañanas entra desde la calle en mi taller y se escapa por mi patio al caer el día, luz elemental del subtrópico. Si me pregunta cómo ubico lo que hago en el contexto del arte, le puedo decir que no estoy lejano al expresionismo, tengo un impulso indomable hacia el surrealismo, aunque híbrido, puesto que se arma con cierto automatismo pero con enormes dosis de magia latinoamericana extrañamente embebida de la música de Beethoven. Esto me ha dado cierta libertad de vuelo donde mis ancestros árabes e italianos han expresado un dramatismo de medio tono, de semipenumbra. El amor y la muerte, la vida y el tiempo, los encuentros y los desencuentros carentes de tragedia pero no de dramatismo se pueden descubrir en mi obra. Entre mis férreas convicciones cuento con una que me ha permitido pintar desde siempre: la de que antes de hacer un pincelada, por mínima que sea, es preciso pensar en la vida. Le adjunto un dibujo hecho a mano alzada. Es una siesta, una siesta del pintor. Este dibujo es para ser leído, no sólo porque he escrito palabras en él sino porque cuenta cosas. Léalo y comprenderá más de mí que lo que yo pueda decirle. Reciba mis saludos afectuosos.