La participación de Chile en la Segunda Guerra Mundial fue un hecho absolutamente diplomático, sin la existencia de acciones bélicas oficiales, esto excluyendo la participación de ciudadanos chilenos Los alemanes llevaban un siglo como una gran colonia residente y existía un partido nacional socialista local dirigido por Jorge González von Marées. Los británicos y franceses también tenían gran pre
sencia histórica en el sector bancario, industrial y de los medios de comunicación. Pedro Aguirre Cerda había declarado abiertamente la neutralidad de Chile en la Segunda Guerra Mundial, sin embargo tras la entrada de Estados Unidos en el conflicto, en 1941, las cosas se tornaron tensas en el país, que era económicamente dependiente de dicha potencia. Después del ataque a Pearl Harbor, el ministro de Relaciones Exteriores, Juan Bautista Rossetti, convocó de manera urgente a una reunión de los cancilleres de los países americanos. Esta sería la Conferencia de Río, en donde se tomó la decisión de reafirmar los principios de solidaridad continental y se recomendaba la ruptura de relaciones diplomáticas con Japón, Alemania e Italia. Las razones para mantener la neutralidad de Chile eran múltiples: ninguno de los países del Eje había dado motivo u ofensa alguna para motivar la ruptura; la amenaza de un posible ataque japonés, que había advertido que Chile buscaría problemas si rompía relaciones;[2] el temor a ser víctima de una guerra submarina indiscriminada con los subsecuentes resultados económicos; y la importancia social y cultural de la colonia alemana en Chile, ya que incluso la esposa de Ríos descendía de colonos alemanes.