24/05/2026
TRIKITIXA (Zumárraga) — Antonio Oteiza
Bronce. Plaza Elizkale (Zumárraga). Instalada en 2004.
Hay esculturas que no se limitan a representar: invocan una memoria. En Trikitixa, Antonio Oteiza rinde homenaje a una tradición profundamente arraigada en Zumárraga, en un enclave especialmente simbólico: la plaza Elizkale, entorno vinculado al nacimiento de la primera formación de trikitixa de la localidad, en 1920.
La obra presenta dos músicos —trikitixa y pandero— tratados con un lenguaje expresionista y directo. Los rostros apenas se insinúan y la anatomía se simplifica, pero no por falta de detalle: es una decisión consciente para que lo esencial sea protagonista. La materia se talla a golpe de gesto, con superficies rugosas, pliegues y cortes que capturan la luz y dan al bronce una vibración casi sonora, como si el ritmo quedara detenido en el metal.
Más que una escena costumbrista, Oteiza construye un símbolo: dos figuras que sostienen la música como quien sostiene una identidad compartida. No es una imagen del pasado; es una presencia pública, una forma de decir que la cultura popular también merece monumento, dignidad y permanencia.
Si te detienes un momento ante ella, ocurre algo hermoso: empiezas a “escuchar” con la mirada.