04/12/2025
Tal día como hoy, un 4 de diciembre de finales del siglo III d.C., nacía en Anatolia una hija del sátrapa (gobernador) Dioscoro, llamada Bárbara. Por confesarse cristiana, su padre la encerró en un castillo, y fue sometida a brutales torturas. Como no cesaba en su empeño y fe, finalmente el padre la decapitó. En ese instante un rayo calló sobre él y lo fulminó.
Aquella mártir pasó a ser Santa Bárbara, una de las santas auxiliadoras y patrona de todos los que tienen que ver con explosiones, entre ellos los artilleros y los mineros.
Mientras que nuestro pueblo fue minero, se celebró esta festividad con gran profusión y devoción, acogiéndose nuestras familias a su protección. Las propias compañías mineras promovían la organización de actos festivos, lúdicos y religiosos. Durante el día, además de procesionarse la imagen de Santa Bárbara portada por los mineros, se oían multitud de detonaciones en su honor.
Hoy, la mañana está muy callada. No truena. Ya no se mantiene en la memoria el recuerdo de aquellas celebraciones. Ni siquiera hay voces que sustituyan a los barrenos y hagan alabanza de la patrona Santa Bárbara. De ser un día señalado, ha pasado a ser un día corriente más, totalmente inadvertido. No se debería olvidar tan pronto. No hace falta que sea festivo para dedicar un recuerdo a nuestros abuelos y antepasados que en algún momento de sus vidas, estando en las entrañas de esta tierra, se encomendaron a Santa Bárbara, para que les diera el ánimo y arrojo suficientes para terminar la jornada y verse arriba.
Desde el Museo de La Carolina, donde la memoria minera se preserva, queremos invitaros a dedicar un momento para recordar nuestro pasado y nuestro carácter minero.