24/02/2025
En 1970 se encontró en La Rentilla, dentro del término municipal de Montilla, dos aras
de piedra caliza pertenecientes a la cultura romana, consagradas a Isis, diosa madre
vinculada a la fertilidad, la protección y la magia (asociada con la vida después de la
muerte y la navegación); y a Ceres, diosa de la agricultura también vinculada a la
fertilidad y el ciclo de la vida y la muerte.
Dicha localización albergaba una villae del mismo periodo de la que se pudieron
rescatar algunos elementos, incluidas estas dos aras, que eran de ámbito doméstico,
unas estructuras consagradas cada una de ellas a una diosa y utilizada para realizar
ofrendas, sacrificios o rituales religiosos a esta.
Estas aras datan de finales del siglo II o comienzos del siglo III d.C. y ofrecen un
interesante testimonio de la religiosidad de la época.
Ambas piezas contienen una
inscripción tallada que la relaciona con una divinidad, pudiendo leer en el ara dedicada
a la diosa romana Ceres el texto “SACRUM CERERI” (Consagrada a Ceres), y en la
dedicada a Isis “SACRUM PANTHEAE ISIDI” (Consagrada a Isis, diosa universal).
Como observamos en dichos textos, al hacer referencia a Isis se agrega el término Pantheae,
la forma dativa de Panthea, usado como epíteto para ciertas diosas, indicando que
eran universales o abarcaban ciertos aspectos divinos, y que se traduce como “de
todos los dioses”, razón de ello es la naturaleza de Isis, una diosa egipcia cuyo culto se
expandió a través del contacto cultural con otras civilizaciones del Mediterráneo,
adaptándose al mundo grecorromano y convirtiéndose en una de las religiones
mistéricas más populares.
Pues a diferencia de los cultos oficiales romanos,
característicos por su sencillez, siendo más cívicos y estatales, el culto a Isis ofrecía una
conexión personal con la diosa, pues su relación con la vida después de la muerte y su
poder sobre el destino satisfacía la necesidad de respuestas espirituales más
personales.
Aunque estos cultos orientales pudiesen resultar más atractivos que la religiosidad
tradicional por su exotismo y la oportunidad de participación que brindaban, la
postura oficial del poder político con respecto a los cultos orientales se mostraba
favorable o adversa en función de quien ocupara trono en cada momento.
Como muestra de ello durante el Imperio, Calígula levantó la proscripción sobre el culto
isíaco y mandó construir un templo dedicado a ella en el Campo de Marte, mientras
que Augusto tuvo una política contraria a los cultos orientales, defendiendo la religión
en contra de la superstición.
El hecho de que ambas aras se encontraran en la misma ubicación hace probable la
existencia de una intención simbólica de vincular ambas diosas relacionadas con la
fertilidad, la renovación de la vida y los misterios religiosos, y la relación del lugar del
hallazgo con un lugar de práctica de cultos mistéricos. Este peculiar contexto hace que
el hallazgo de estas dos piezas coexistiendo en el mismo lugar sea un caso aislado en
Hispania, y apunte a un sincretismo local específico.
“Soy la divinidad única a quien venera el mundo entero bajo múltiples formas, variados
ritos y los más diversos nombres.
Los frigios, primeros habitantes del orbe, me llaman
diosa de Pessimonte y madre de los dioses; soy Minerva Cecropia para los atenienses
autóctonos; Venus Pafia para los isleños de Chipre; Diana Dictymna para los saeteros
de Creta; Proserpina Estigia para los sicilianos trilingües; Ceres Actea para la antigua
Eleusis; para unos soy Juno, para otros Bellona, para los de más allá Rhamnusia; los
pueblos del Sol naciente y los que reciben sus últimos rayos de poniente, las dos
Etiopías y los egipcios poderosos por su antigua sabiduría me honran con un culto
propio y me conocen por mi verdadero nombre: soy la reina Isis."