15/04/2026
1988 PREGÓN DEL VIII CERTAMEN DEL AFUEGA´L PITU JERÓNIMO GRANDA
Queridos focetanos, morciniegos, asturianos y demás gentes aquí reunidas.
Tócame, por invitación difícil de rechazar, hecha por la cofradía La Probe, tócame, repito, esto de pregonar a los cuatro vientos, a los cuatro puntos cardinales de Morcín, que no son el norte, el sur, el este y el oeste, sino Ribera de Arriba, Riosa, Mieres y Quirós, la fiesta del quesu D´Afuega´l Pitu. Y como resulta que me corresponde del VIII Certamen, y el octavo manda no levantar falso testimonio ni mentir, procuraré ambas cosas.
Bueno, habrá algún curioso que se pregunte que qué hará un punto como esti dedicáu a cuidar bien el gargüelu y a afinar gorgoritos y glallios, sometido a vapores de nabos y casadielles y empapizos y atragantos de quesu D’Afuega’l Pitu.
Pues veréis:
Todos mis predecesores en el pregón de este día dedicado al quesu más natural y más frescu del mundo, en el día de Santo Antón (el del gochu, por cierto) ilustres por su sabiduría, con títulos abarrotados de méritos, togas (¡ojo, togas, no sogas!) plumas y lechuzas (lo que aquí llamamos curuxes), pergaminos que les permiten
levantan el índice con autoridad, escarbaron en la historia de este valle tan guapu, y desenterraron preciosas gemas (aquí paséme de finu) y blasones de vuestros viejos padres. Nos dijeron cosas que parece mentira hayan pasado en este lugar, en los escasos 50 kilómetros cuadrados de este municipio. Pero así fue. Todo lo humano y divino aconteció en la fragosidad del Aramo. Pero yo no puedo ir por ahí. Está todo dicho. Bueno... todo lo que encaja en eso que llamamos historia, cuyo sentido es muy difícil desviar de convenciones más o menos atinadas. Yo no traigo doctorales actitudes, ni levanto el índice; yo levanto el corazón, levanto la voz para pregonar las excelencias de encontrarnos aquí, por si tantu ruidu y tanto personal no nos dan cabida a considerarlo.
Estoy aquí porque me invitasteis (atención que para una morciniegu ye sagrada) y con ilusión levanto el título más de raíz y orgulloso de cuantos ostentar puede un hombre bien nacido, el del pueblo que le dio la vida: Soy carbayón, soy de Oviedo.
Y ser de Oviedo quiere decir, en mi caso, que mis ojos, el apartarse de la teta de mi madre, con lo primero que se troparon en el horizonte fue con el Gamonal, La Mostayal, y el Monsacro, engarzados en el Aramo. Entonces, cuando aquello, era muy difícil mirar al norte tormentoso del Naranco, entretenido en marcar el paso enjambrado de tiendas militares y entristecido de eucaliptos, esa roña de nuestra tierra: la ilusión venía del Sur.
Por eso mis ojos primero fueron de Morcín y también el primer biberón de agua fresca, y pronto el paisaje, como para todos los de Oviedo, suponía un reto. Pero que no tardó en saldarse cuando por La Foz arriba empecé a explorar mi tierra. Muy pronto me fijé en aquella imagen melodramática de dos o tres mozos arrimaos por los hombros, desvanecidos sobre el mostrador de un chigre de Santolaya, La Piñera o Peñerudes, cantando entre cencerros, alpargatas, mecheros, cuerdas, cecina y yesca aquella cuarteta (mejor dicho aquella coplilla) de Antroxu:
Para gatos La Piñera;
para farrucos, La Vara;
pero en llegando a Busloñe,
tá la malicia fundada.
Y aunque ello lleve carga de piquilla y rivalidad, supone, en el fondo, el índice de nivel de fuerzas y competencia de los morciniegos.
Fuerza y competencia necesarias para defenderse de tanto aprovechado y curiosón que asomó por esta finca, relamiéndose desde hace muchos siglos. Fuerza y competencia que son la levadura que esponja y hace subir la fama de estos quesos D’Afuega’l Pitu que aquí, una vez más, nos reúnen.
Pero es raro que un cantante como yo sea el más idóneo para entonar pregón de tanta importancia. Más, ¿Qué voy a deciros yo a vosotros que no sepáis? ¿Qué no sabéis vosotros de cuánto habéis de la fardelina? Generalmente, los que subimos a esta tribuna, más o menos encorbataos, cuando nos atrevemos a exponer el proceso de elaboración del quesu, hacemos sonreír a la más humilde vieyina, cansada de cuajos, pimentones y sueros, invierno tras invierno con la misma faena. Esa vieyina es quien, con autoridad, puede subirse aquí a ilustrarnos sobre lo mucho que ignoramos; sobre temperatura, prohibir, en lugar de encauzar esta riqueza y abrir la ventana del exterior para crear un santuario gastronómico (no confundir con Lurdes), que en otras partes tanto miman.
El hombre, fartucu de artificios y ordenadores (¡ordenadores! de los de ahora ¡ordenadores! de los de antes) busca cada día con mayor
gana lo artesanal, lo genuino y distinto, y lleva hasta la virtud aquellas imperfecciones incapaces de ser logradas por máquinas y artilugios. Cada estómago pretende ser protagonista de lo sencillo, de lo fácil. Y si en ello encuentra la infancia, mucho mejor. Todos somos románticos.
Pero para que los ecosistemas puedan contar con el hombre entre la fauna y la flora de este valle es necesaria la educación en dos vertientes. Calidad y comercialización. Desgraciadamente algunos se limitan a prohibir simplemente. Falta imaginación y creatividad ¡Hacen falta medios! ¡Señores! Flaco servicio se hace a las comarcas con campañas mal estudiadas e ignorantes de cuanto pertenece, no digo a la cultura (ya toy fartucu de tanta cultura de esa) sino a la expresión vital de las etnias (perdón, de la xente), como es la gastronomía.
Pero bien... ya que no vengo aquí a hablaros del quesu D’Afuega’l Pitu, sino a degustarlo en vuestra compañía y a mojarlo con sidra y con agua del Aramo, paso la página de estas consideraciones y me adentro en lo que os quiero presentar como eje de mi palique.
Voy a fijarme en el comedor, en el fartón, o simplemente en el que mete mano en el zurrón y entretiene la tripa en la majada con algo que anime a la boroña. Me he fijado en algunas tipologías representativas; naturalmente, según criterio personal.
Efectivamente, "lo Probe" avanza, pero deseemos que siga siendo Probe, que cualquier acobardamiento a destiempo siempre es histriónico (vamos que da la risa). Para planificar algo con arte de prospección publicitaria de cara al mercado, hacen falta artistas y no diseñadores. Porque delinear un edificio no es todo lo que abarca o debe abarcar un artista. El arte ha de contar con una dosis suficiente de arrebato (hay que tar un pocu chiflau) que la palabra diseño no cubre. El Afuega'l Pitu, como todos nuestros valores artesanales autóctonos, necesita equipos completos de estudiosos y artistas que arrebaten la atención, y quisiera que este pregón aportara su grano de arena.
Bien, pues como decía, un tipo que vemos tirar de tabla de quesos en cualquier restaurante, es a ese ejecutivo de mirada rápida, indumentaria rápida que se uniforma en toda la geografía nacional con morlés ribeteando cañizas de escueta ostentación en la lencería, pañoleta de bolsillo, estracilla prusia con trencilla Domínguez, pero no a la gallega, no (el mi primu diría unas tirillas). Tal vez sea un "Hunosu" o un "Ensidesu" con cierto parpadeo de culpabilidad o un diputado en alza.
Bueno pues estos puntos reciben la tabla, opinan con el maître, discuten. Lo entienden todo de más allá del Pirineo. De Bruselas pa bajo lo saben todo de quesos y patés ¡Eso sí! oyeron hablar de Morcín y vieron el quesu D’Afuega’l Pitu en un calendario y pensaron que con ese nombre malamente podrían ir más allá del Bidasoa.
No se atreven con el rosado, el del pimentón, porque, aunque acostumbrados a los amasijos, repúnalos en manos ajenas. Miran de forma sospechosa las arrugas que dejó la fardela en el quesu y se disponen a probarlo de forma muy pulcra y relamida. Una vez en la boca el quesu, abren el Profidén para alentar, sube la nuez, el gargüelu, y la mano paliducha de tanto fluorescente coge la copa de vino para aliviar el atasco. Y aquí se les cruzan los cables: sonríen y se les van a la memoria aquel autobús de latón verde, que fatigado por San Lázaro arriba dejaba Oviedo (Uviéu, pa los finos) con un rótulo exótico que propagaba que había gente allá por Riosa y por Morcín. A continuación, le sacan parecido con el "Boulatte d'Avesnes", pero, ¡amigo! aquél viene así o asao y te lo sirven delicadamente en una fromagerie que hay antes de llegar a Lile. Es otra cosa. Termina el primer ataque y vuelve a la carga porque hay algo en sus adentros que lo llama: el "trepa" no deja de ser llambión y ahí es donde le fallan los análisis y estrategias. Por ahí puede estar perdido y por ahí fallaba hasta Aquiles, que no tenía nada de pisapapeles. Entonces el politiquillo saca una agenda de cabritilla chocolate con cantos dorados y hace unas notas en cierta fecha. No tardaremos en leer en grandes titulares de prensa una acalorada propuesta parlamentaria sobre el abandono de nuestros quesos, como uno que se llama de "La ahoga el pollo" por el que tanto lucharon sus paisanos en rincones como Morcín o como Grao.
También los bancos cerraron aquella mañana, nada más conocer la noticia, con la idea de posibilidades inversoras de una industria que desarrollara tal variedad.
En otra mesa he contemplado presencias, generalmente orondas, de sonrosadas mejillas, mano fina y descompuesta, de vestir aburrido, alguna caspa sobre traje oscuro y ademanes pausados. No es rara alguna sotana, que por costumbre pecaminosa de sonrojante gula, manotea paternal sobre la panza, el bandullu. Venías y leves ademanes de sociedad caduca enseñan miserias interiores y guardan envidias de tarima o de cabildo. Xente fina que por dentro hace cálculos monetarios, porque trienios y cepillos no son generosos para los extras que exige el nivel urbano. Palmaos, que diz la xente. Y piden D’Afuega’l Pitu, que como ye más barato... En lugar de pedirlo con orgullo y con placer. También el agua ye barata, y a ver quién la mejora ¡El vino, sí, pero el vino bueno non tien por qué ser caro, cara ye la etiqueta que lleva! Cara ye la que tienen algunos... no me hagáis hablar.
Y en su interior siguen rumiando, como el ganao, que, claro, en la aldea ye otra cosa... que tienen los pastos, les vaques, les gallines, los gochos, les güertes y la mano de obra (barata)... y se dan cuenta de que Dios, del 75 para acá proporciona cosechas y misericordia a buen precio ¡tan arreglaos!
Solamente aquel profesor de bioquímica se hace un barullo de fórmulas y cuantos fermentos y levadura y lactosas van encajando en una estructura hidrogenada de varias cadenas y surgen excipientes y cromatinas que enloquecen la razón de cualquier analista que no explica ni el olor ni la color, ni el gustín que dieron, desde siglos, al quesu D’Afuega’l Pitu los seculares artesanos alquimistas.
Es muy fácil sentar a la mesa del quesu al Arcipreste de Hita, pero hay algunas notas en el Corvaho del otro arcipreste, el de Talavera, que contempla en el quesu los efectos de la brujería y se cuida muy mucho de hacer de ratón. Pero ¿Qué diría aquel gran escritor si, además, se encuentra con un quesu de proporciones adecuadas -medio kilo- color rosado y forma sospechosamente apezonada servido en bandeja de plata? La brujería sería completa. El caso es que esta camarilla de la que más habla y escribe sobre lo humano y lo divino y al tener la mente tan atrofiada de sabiduría y polilla de biblioteca, debido a tal aturdimiento, traga sin gustar, se llena sin clasificar y, encima, no se permite ni un ijuju de desgaste. Tal vez alguna jaculatoria o frase en latín, que para el clérigo le sirva de descarga, porque detrás de los aguardientes y habanos no le da tiempo a ensalivar el breviario entabacado.
Hay otro grupo abigarrado y fuerte de mecánicos, obreros de mina, camioneros, albañiles, gentes del campo o de la mar y un largo etcétera. Que ese sí. Siempre sus abuelos, y ellos mismos de mocosos, bebían suero y se barajaban el quesu D’Afuega’l Pitu con torta de maíz. A estos, lo que les echen. Y a más de uno se le enternecen los ojos, porque debajo de la piel dura, oxidada y ferruñosa late el poeta de sus ancestros. Son los que terminan con una tonada y reclamando a voces a la patrona para que repita la ronda sin finures y sin remilgos. Estos están lo suficientemente educados para comer quesu D’Afuega’l Pitu. A estos hay que mimarlos y es por ellos por los que brotan por toda Asturias romerías de esta guisa y no se arrepienten del dominguerismo y sufren de unos y otros toda suerte de empellones. Cada día están más fuertes, porque, si moda por aquí, cultura por allá, lo que no varía para ellos es el pote. Cazos y pucheros, cuando entran en una cocina ven marchar a muchos amos. Tienen además la virtud de comer, embuchar, y así terminar el ciclo. Lo volverán a repetir sin más cuentu. No traen sobre sus hombros cargas de extraño aliño ni son dados a análisis ni estrategias.
Quiero terminar refiriéndome al grupo primigenio del queso: ganaderos y campesinos, por aquello de que últimos serán los primeros. No quiero parecer demasiado burru en la comparación. Pero de la misma manera que la miel es un producto en el que el animal pone de su fisiología, de su cuerpo, ingredientes y manejos para presentarnos el néctar mejorado y dorado, de la misma manera los pastores del Aramo y los valles reúnen, con espíritu desigual, pero encendido, ingredientes por aquí, temperaturas por allí, hasta conseguir el milagro.
Este conjunto de personas, los más primitivos, los de siempre de toda la vida, prueba el queso despacio. Masca. Medita. Opina. Sentencia y dice que lo hizo fulana de tal. Y no hay brujería ni adivinación, hay muchu tiempu pol medio haciendo lo mismo. Luego apondérolu o no. Y al que fixo el quesu felicitenlu o no. Eso depende. Y así queda clasificado el queso por virtudes o defectos humanos, de hombre s y muyeres.
En esta reunión el gusto por el queso se traduce en placer y en competencia, que son el crisol de donde saldrá la calidad. Ahí está el colectivo que hay que reunir para planificar. Ellos son los productores y los consumidores y saben la leche que se gusta, y el quesu que se apañen. El casu ye que yo no sé en qué grupo méteme pa no quedar sin cantar algo. Metéime donde queráis. Yo siempre estoy dispuesto. No quiero siquiera comerlo con gafas y si pudiera quitarme la barba, para poder entregarme con placer y humildad y sin otra intención que la de gozarla, lo haría. Pero otra vez será, que tengo que cuidar el look, la imagen, el semeyu.
Mientras tanto y antes de empapizame con ello voy a terminar diciendo: Viva el quesu D’Afuega’l Pitu. Viva la Hermandad de La Probe. Viva Morcín.