Museo Etnográfico de la lechería

Museo Etnográfico de la lechería La colección del museo consta de más de quinientas piezas distribuidas en cuatro secciones: la gan

En la visita se pueden conocer los métodos utilizados para la elaboración tradicional de la manteca, los utensilios empleados y su evolución, así como la venta en los mercados, y también su exportación. Se expone una buena colección de mantequeras, odres, botías y firidoras para mazar la manteca, además de varias desnatadoras centrífugas e instrumentos para el amasado.

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25/05/2026

https://www.lne.es/cuencas/2026/05/25/tres-mujeres-preservan-urbies-mieres-130603916.html Tres mujeres preservan en Urbiés (Mieres) una herencia atada al ciclo de la Luna: el queso más antiguo de Asturias que solo se vende un día al año y corre riesgo de desaparecer (por esta razón)
El certamen del quesu de Urbiés reivindica una joya gastronómica que solo se puede comprar una vez al año y que sobrevive al borde de la desaparición
Por la izquierda, María Luisa Fidalgo, Geli Crespo y Consuelo Noval, junto a varias tarrinas de queso. | D. M.
Por la izquierda, María Luisa Fidalgo, Geli Crespo y Consuelo Noval, junto a varias tarrinas de queso. | D. M. / D. M.

David Montañés. Mieres del Camino25 MAY 2026
El queso de Urbiés es una singularidad, una rareza convertida en seña de identidad. La zona alta del valle de Turón presume de tener el "quesu" más antiguo de Asturias, además de uno de los más laboriosos de producir. Si para elaborar un kilo de cabrales se requieren unos 8 litros de leche, en Urbiés utilizan 30. Esta fatigosa tradición sobrevive gracias a un reducido número de guardianas que se aferran a una práctica casera que aprendieron de sus abuelas.

CuAJADA ARTESANAL. Se utilizan alrededor de 30 litros de leche para obtener apenas un kilo de queso. | LNE
Se utilizan alrededor de 30 litros de leche para obtener apenas un kilo de queso. | LNE / D. M.

No es sencillo llevar a la boca una rebanada de pan untada con queso de Urbiés. O eres de la zona o tienes que andar vivo. Solo se vende una vez al año. El acontecimiento será el domingo 7 de junio, en el marco del mercado que organiza el colectivo "Guardianes Urbiés", que arrancará el sábado con la presentación del producto y diversas actividades. Las estrellas de la cita serán María Luisa Fidalgo, Geli Crespo y Consuelo Noval. Son los últimos baluartes del queso artesano en Urbiés. Aunque algún otro vecino elabora el producto para consumo familiar, ellas son las únicas que ponen este oficio ancestral al alcance de quienes acuden al corazón de las cuencas mineras en busca de un sabor con raíces.

Listo para el consumo. Tras la maduración, el salado y la curación, el producto se envasa en sus tarrinas. | LNE
Listo para el consumo. Tras la maduración, el salado y la curación, el producto se envasa en sus tarrinas. | LNE

Las tres lo dicen casi con resignación. El mayor peligro para el quesu de Urbiés no es el paso del tiempo ni la desaparición del certamen, que estuvo años suspendido antes de recuperarse hace cuatro ediciones. El verdadero problema es la falta de relevo generacional. "No hay nadie", lamentan. El problema ya no es solo el debilitamiento de la cultura popular en los pueblos. En este caso, la tarea requiere de un gran compromiso personal. "Lleva mucha leche, mucho trabajo y hay que estar pendiente todos los menguantes". Porque este queso no entiende de prisas ni de procesos industriales. Aquí todavía manda la Luna.

Cada mes, durante el menguante, las elaboradoras deben dar vuelta a los quesos siguiendo el sentido de las agujas del reloj. Luego toca esperar al siguiente ciclo lunar. A veces hay que repetir la operación durante tres menguantes antes de echar la sal y dar la pieza por terminada. "Hay que pelear mucho con ello", resume María Luisa Fidalgo. El calor, las tormentas o el exceso de suero pueden arruinar semanas de trabajo. "Igual lo tenemos medio hecho y hay que ponerlo a escurrir otra vez", explica.

Por la izquierda, Pablo Sánchez, Nardi Iglesias, María Luisa Fidalgo, Geli Crespo, Consuelo Noval y Daniel Fernández, con carteles del certamen del quesu de Urbiés, que cumple 30 años. | D. M.
Por la izquierda, Pablo Sánchez, Nardi Iglesias, María Luisa Fidalgo, Geli Crespo, Consuelo Noval y Daniel Fernández, con carteles del certamen del quesu de Urbiés, que cumple 30 años. | D. M.

La afanada elaboración arranca normalmente en el mes de septiembre y se prolonga hasta que llega el calor fuerte. En verano, cuentan, es casi imposible mantener el proceso. Todo se hace de manera artesanal, sin secaderos industriales ni moldes mecanizados. "Esto hay que estar peleándolo todos los días", insiste Geli Crespo. Y el esfuerzo es enorme para un rendimiento mínimo. Hacen falta cerca de 30 litros de leche para obtener apenas un kilo de queso. "Queda en nada", resumen entre risas cansadas las últimas guardianas de esta joya gastronómica.

Producto exclusivo
Quizá por eso el demandado "quesu" de Urbiés conserva ese halo casi clandestino. No se encuentra en tiendas y mucho menos en grandes superficies. Solo puede comprarse un día al año, durante el certamen. "El que quiera queso tiene la oportunidad de comprarlo ese día; luego ya es muy complicado", explican Daniel Fernández, portavoz de la organización del mercado, que se celebrará el 6 y 7 de junio . Se espera que entre todas las productoras puedan reunir alrededor de un millar de tarrinas, aunque las cifras varían cada año dependiendo de la leche y de cómo venga la temporada.

Daniel Fernández destaca precisamente esa singularidad como uno de los grandes atractivos del producto. "Si no fuese por el certamen, el queso quedaría circunscrito a las casas", señala. Porque nunca dejó de elaborarse del todo. Incluso durante los años en los que la fiesta desapareció, muchas familias siguieron haciéndolo para autoconsumo. Sin embargo, recuperar el encuentro anual permitió sacar nuevamente el queso a la calle y convertirlo en un reclamo gastronómico y cultural.

La cita anual
El certamen cumple este año su trigésima edición convertido en mucho más que un mercado. Habrá música, actividades y una presentación previa el sábado. "Lo que vamos sacando lo invertimos año a año en la fiesta", explica Pablo Sánchez, satisfecho por la respuesta del público desde la recuperación del evento. Cada edición crece un poco más y atrae visitantes llegados incluso desde fuera de Asturias. Algunas clientas habituales viajan desde Valencia para cargar tarrinas imposibles de conseguir el resto del año.

La gran referencia sigue siendo María Luisa Fidalgo, la productora con mayor elaboración actualmente. Sus compañeras calculan que este año podría rondar los 60 o 70 kilos de queso. "Ella es la que más produce porque todavía tiene ganado", comentan. Mientras unas han reducido la actividad a pequeñas cantidades para casa, María Luisa mantiene viva una rutina que ocupa prácticamente todo el año.

Y, aun así, nadie se atreve a garantizar el futuro. "Corremos el riesgo de que desaparezca", admiten.

El "quesu" de Urbiés resiste gracias a unas pocas manos curtidas por décadas de trabajo silencioso. Mujeres que aprendieron mirando a sus madres y abuelas, cuando el queso era una necesidad doméstica y no una rareza gastronómica. Hoy elaboran uno de los sabores más antiguos y singulares de Asturias sabiendo que cada menguante puede acercarlas un poco más al final de una tradición irrepetible.

2026 fotos de La Mantequera de Tineo
21/05/2026

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2026 VISITA AL MUSEO DE LA LECHERÍA DEL CÍRCULO DE LOS QUESOS Y DE QUESOS GUARA DE HUESCA.                              ...
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2026 VISITA AL MUSEO DE LA LECHERÍA DEL CÍRCULO DE LOS QUESOS Y DE QUESOS GUARA DE HUESCA. Un placer poder recibir y ejercer de anfitrión a un quesero de referencia nacional, Francisco Nasarre Nasarre de la quesería aragonesa Guara, y mostrarle el Museo de la Lechería de La Foz de Morcin, posiblemente el mejor de España, que dirige Pepe Sariego Palacios

1910 Carro de La Mantequera Asturiana en Gijón.
20/04/2026

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1988 PREGÓN DEL VIII CERTAMEN DEL AFUEGA´L PITU                                  JERÓNIMO GRANDAQueridos focetanos, morc...
15/04/2026

1988 PREGÓN DEL VIII CERTAMEN DEL AFUEGA´L PITU JERÓNIMO GRANDA
Queridos focetanos, morciniegos, asturianos y demás gentes aquí reunidas.
Tócame, por invitación difícil de rechazar, hecha por la cofradía La Probe, tócame, repito, esto de pregonar a los cuatro vientos, a los cuatro puntos cardinales de Morcín, que no son el norte, el sur, el este y el oeste, sino Ribera de Arriba, Riosa, Mieres y Quirós, la fiesta del quesu D´Afuega´l Pitu. Y como resulta que me corresponde del VIII Certamen, y el octavo manda no levantar falso testimonio ni mentir, procuraré ambas cosas.
Bueno, habrá algún curioso que se pregunte que qué hará un punto como esti dedicáu a cuidar bien el gargüelu y a afinar gorgoritos y glallios, sometido a vapores de nabos y casadielles y empapizos y atragantos de quesu D’Afuega’l Pitu.
Pues veréis:
Todos mis predecesores en el pregón de este día dedicado al quesu más natural y más frescu del mundo, en el día de Santo Antón (el del gochu, por cierto) ilustres por su sabiduría, con títulos abarrotados de méritos, togas (¡ojo, togas, no sogas!) plumas y lechuzas (lo que aquí llamamos curuxes), pergaminos que les permiten
levantan el índice con autoridad, escarbaron en la historia de este valle tan guapu, y desenterraron preciosas gemas (aquí paséme de finu) y blasones de vuestros viejos padres. Nos dijeron cosas que parece mentira hayan pasado en este lugar, en los escasos 50 kilómetros cuadrados de este municipio. Pero así fue. Todo lo humano y divino aconteció en la fragosidad del Aramo. Pero yo no puedo ir por ahí. Está todo dicho. Bueno... todo lo que encaja en eso que llamamos historia, cuyo sentido es muy difícil desviar de convenciones más o menos atinadas. Yo no traigo doctorales actitudes, ni levanto el índice; yo levanto el corazón, levanto la voz para pregonar las excelencias de encontrarnos aquí, por si tantu ruidu y tanto personal no nos dan cabida a considerarlo.
Estoy aquí porque me invitasteis (atención que para una morciniegu ye sagrada) y con ilusión levanto el título más de raíz y orgulloso de cuantos ostentar puede un hombre bien nacido, el del pueblo que le dio la vida: Soy carbayón, soy de Oviedo.
Y ser de Oviedo quiere decir, en mi caso, que mis ojos, el apartarse de la teta de mi madre, con lo primero que se troparon en el horizonte fue con el Gamonal, La Mostayal, y el Monsacro, engarzados en el Aramo. Entonces, cuando aquello, era muy difícil mirar al norte tormentoso del Naranco, entretenido en marcar el paso enjambrado de tiendas militares y entristecido de eucaliptos, esa roña de nuestra tierra: la ilusión venía del Sur.
Por eso mis ojos primero fueron de Morcín y también el primer biberón de agua fresca, y pronto el paisaje, como para todos los de Oviedo, suponía un reto. Pero que no tardó en saldarse cuando por La Foz arriba empecé a explorar mi tierra. Muy pronto me fijé en aquella imagen melodramática de dos o tres mozos arrimaos por los hombros, desvanecidos sobre el mostrador de un chigre de Santolaya, La Piñera o Peñerudes, cantando entre cencerros, alpargatas, mecheros, cuerdas, cecina y yesca aquella cuarteta (mejor dicho aquella coplilla) de Antroxu:
Para gatos La Piñera;
para farrucos, La Vara;
pero en llegando a Busloñe,
tá la malicia fundada.
Y aunque ello lleve carga de piquilla y rivalidad, supone, en el fondo, el índice de nivel de fuerzas y competencia de los morciniegos.
Fuerza y competencia necesarias para defenderse de tanto aprovechado y curiosón que asomó por esta finca, relamiéndose desde hace muchos siglos. Fuerza y competencia que son la levadura que esponja y hace subir la fama de estos quesos D’Afuega’l Pitu que aquí, una vez más, nos reúnen.
Pero es raro que un cantante como yo sea el más idóneo para entonar pregón de tanta importancia. Más, ¿Qué voy a deciros yo a vosotros que no sepáis? ¿Qué no sabéis vosotros de cuánto habéis de la fardelina? Generalmente, los que subimos a esta tribuna, más o menos encorbataos, cuando nos atrevemos a exponer el proceso de elaboración del quesu, hacemos sonreír a la más humilde vieyina, cansada de cuajos, pimentones y sueros, invierno tras invierno con la misma faena. Esa vieyina es quien, con autoridad, puede subirse aquí a ilustrarnos sobre lo mucho que ignoramos; sobre temperatura, prohibir, en lugar de encauzar esta riqueza y abrir la ventana del exterior para crear un santuario gastronómico (no confundir con Lurdes), que en otras partes tanto miman.
El hombre, fartucu de artificios y ordenadores (¡ordenadores! de los de ahora ¡ordenadores! de los de antes) busca cada día con mayor
gana lo artesanal, lo genuino y distinto, y lleva hasta la virtud aquellas imperfecciones incapaces de ser logradas por máquinas y artilugios. Cada estómago pretende ser protagonista de lo sencillo, de lo fácil. Y si en ello encuentra la infancia, mucho mejor. Todos somos románticos.
Pero para que los ecosistemas puedan contar con el hombre entre la fauna y la flora de este valle es necesaria la educación en dos vertientes. Calidad y comercialización. Desgraciadamente algunos se limitan a prohibir simplemente. Falta imaginación y creatividad ¡Hacen falta medios! ¡Señores! Flaco servicio se hace a las comarcas con campañas mal estudiadas e ignorantes de cuanto pertenece, no digo a la cultura (ya toy fartucu de tanta cultura de esa) sino a la expresión vital de las etnias (perdón, de la xente), como es la gastronomía.
Pero bien... ya que no vengo aquí a hablaros del quesu D’Afuega’l Pitu, sino a degustarlo en vuestra compañía y a mojarlo con sidra y con agua del Aramo, paso la página de estas consideraciones y me adentro en lo que os quiero presentar como eje de mi palique.
Voy a fijarme en el comedor, en el fartón, o simplemente en el que mete mano en el zurrón y entretiene la tripa en la majada con algo que anime a la boroña. Me he fijado en algunas tipologías representativas; naturalmente, según criterio personal.
Efectivamente, "lo Probe" avanza, pero deseemos que siga siendo Probe, que cualquier acobardamiento a destiempo siempre es histriónico (vamos que da la risa). Para planificar algo con arte de prospección publicitaria de cara al mercado, hacen falta artistas y no diseñadores. Porque delinear un edificio no es todo lo que abarca o debe abarcar un artista. El arte ha de contar con una dosis suficiente de arrebato (hay que tar un pocu chiflau) que la palabra diseño no cubre. El Afuega'l Pitu, como todos nuestros valores artesanales autóctonos, necesita equipos completos de estudiosos y artistas que arrebaten la atención, y quisiera que este pregón aportara su grano de arena.
Bien, pues como decía, un tipo que vemos tirar de tabla de quesos en cualquier restaurante, es a ese ejecutivo de mirada rápida, indumentaria rápida que se uniforma en toda la geografía nacional con morlés ribeteando cañizas de escueta ostentación en la lencería, pañoleta de bolsillo, estracilla prusia con trencilla Domínguez, pero no a la gallega, no (el mi primu diría unas tirillas). Tal vez sea un "Hunosu" o un "Ensidesu" con cierto parpadeo de culpabilidad o un diputado en alza.
Bueno pues estos puntos reciben la tabla, opinan con el maître, discuten. Lo entienden todo de más allá del Pirineo. De Bruselas pa bajo lo saben todo de quesos y patés ¡Eso sí! oyeron hablar de Morcín y vieron el quesu D’Afuega’l Pitu en un calendario y pensaron que con ese nombre malamente podrían ir más allá del Bidasoa.
No se atreven con el rosado, el del pimentón, porque, aunque acostumbrados a los amasijos, repúnalos en manos ajenas. Miran de forma sospechosa las arrugas que dejó la fardela en el quesu y se disponen a probarlo de forma muy pulcra y relamida. Una vez en la boca el quesu, abren el Profidén para alentar, sube la nuez, el gargüelu, y la mano paliducha de tanto fluorescente coge la copa de vino para aliviar el atasco. Y aquí se les cruzan los cables: sonríen y se les van a la memoria aquel autobús de latón verde, que fatigado por San Lázaro arriba dejaba Oviedo (Uviéu, pa los finos) con un rótulo exótico que propagaba que había gente allá por Riosa y por Morcín. A continuación, le sacan parecido con el "Boulatte d'Avesnes", pero, ¡amigo! aquél viene así o asao y te lo sirven delicadamente en una fromagerie que hay antes de llegar a Lile. Es otra cosa. Termina el primer ataque y vuelve a la carga porque hay algo en sus adentros que lo llama: el "trepa" no deja de ser llambión y ahí es donde le fallan los análisis y estrategias. Por ahí puede estar perdido y por ahí fallaba hasta Aquiles, que no tenía nada de pisapapeles. Entonces el politiquillo saca una agenda de cabritilla chocolate con cantos dorados y hace unas notas en cierta fecha. No tardaremos en leer en grandes titulares de prensa una acalorada propuesta parlamentaria sobre el abandono de nuestros quesos, como uno que se llama de "La ahoga el pollo" por el que tanto lucharon sus paisanos en rincones como Morcín o como Grao.
También los bancos cerraron aquella mañana, nada más conocer la noticia, con la idea de posibilidades inversoras de una industria que desarrollara tal variedad.
En otra mesa he contemplado presencias, generalmente orondas, de sonrosadas mejillas, mano fina y descompuesta, de vestir aburrido, alguna caspa sobre traje oscuro y ademanes pausados. No es rara alguna sotana, que por costumbre pecaminosa de sonrojante gula, manotea paternal sobre la panza, el bandullu. Venías y leves ademanes de sociedad caduca enseñan miserias interiores y guardan envidias de tarima o de cabildo. Xente fina que por dentro hace cálculos monetarios, porque trienios y cepillos no son generosos para los extras que exige el nivel urbano. Palmaos, que diz la xente. Y piden D’Afuega’l Pitu, que como ye más barato... En lugar de pedirlo con orgullo y con placer. También el agua ye barata, y a ver quién la mejora ¡El vino, sí, pero el vino bueno non tien por qué ser caro, cara ye la etiqueta que lleva! Cara ye la que tienen algunos... no me hagáis hablar.
Y en su interior siguen rumiando, como el ganao, que, claro, en la aldea ye otra cosa... que tienen los pastos, les vaques, les gallines, los gochos, les güertes y la mano de obra (barata)... y se dan cuenta de que Dios, del 75 para acá proporciona cosechas y misericordia a buen precio ¡tan arreglaos!
Solamente aquel profesor de bioquímica se hace un barullo de fórmulas y cuantos fermentos y levadura y lactosas van encajando en una estructura hidrogenada de varias cadenas y surgen excipientes y cromatinas que enloquecen la razón de cualquier analista que no explica ni el olor ni la color, ni el gustín que dieron, desde siglos, al quesu D’Afuega’l Pitu los seculares artesanos alquimistas.
Es muy fácil sentar a la mesa del quesu al Arcipreste de Hita, pero hay algunas notas en el Corvaho del otro arcipreste, el de Talavera, que contempla en el quesu los efectos de la brujería y se cuida muy mucho de hacer de ratón. Pero ¿Qué diría aquel gran escritor si, además, se encuentra con un quesu de proporciones adecuadas -medio kilo- color rosado y forma sospechosamente apezonada servido en bandeja de plata? La brujería sería completa. El caso es que esta camarilla de la que más habla y escribe sobre lo humano y lo divino y al tener la mente tan atrofiada de sabiduría y polilla de biblioteca, debido a tal aturdimiento, traga sin gustar, se llena sin clasificar y, encima, no se permite ni un ijuju de desgaste. Tal vez alguna jaculatoria o frase en latín, que para el clérigo le sirva de descarga, porque detrás de los aguardientes y habanos no le da tiempo a ensalivar el breviario entabacado.
Hay otro grupo abigarrado y fuerte de mecánicos, obreros de mina, camioneros, albañiles, gentes del campo o de la mar y un largo etcétera. Que ese sí. Siempre sus abuelos, y ellos mismos de mocosos, bebían suero y se barajaban el quesu D’Afuega’l Pitu con torta de maíz. A estos, lo que les echen. Y a más de uno se le enternecen los ojos, porque debajo de la piel dura, oxidada y ferruñosa late el poeta de sus ancestros. Son los que terminan con una tonada y reclamando a voces a la patrona para que repita la ronda sin finures y sin remilgos. Estos están lo suficientemente educados para comer quesu D’Afuega’l Pitu. A estos hay que mimarlos y es por ellos por los que brotan por toda Asturias romerías de esta guisa y no se arrepienten del dominguerismo y sufren de unos y otros toda suerte de empellones. Cada día están más fuertes, porque, si moda por aquí, cultura por allá, lo que no varía para ellos es el pote. Cazos y pucheros, cuando entran en una cocina ven marchar a muchos amos. Tienen además la virtud de comer, embuchar, y así terminar el ciclo. Lo volverán a repetir sin más cuentu. No traen sobre sus hombros cargas de extraño aliño ni son dados a análisis ni estrategias.
Quiero terminar refiriéndome al grupo primigenio del queso: ganaderos y campesinos, por aquello de que últimos serán los primeros. No quiero parecer demasiado burru en la comparación. Pero de la misma manera que la miel es un producto en el que el animal pone de su fisiología, de su cuerpo, ingredientes y manejos para presentarnos el néctar mejorado y dorado, de la misma manera los pastores del Aramo y los valles reúnen, con espíritu desigual, pero encendido, ingredientes por aquí, temperaturas por allí, hasta conseguir el milagro.
Este conjunto de personas, los más primitivos, los de siempre de toda la vida, prueba el queso despacio. Masca. Medita. Opina. Sentencia y dice que lo hizo fulana de tal. Y no hay brujería ni adivinación, hay muchu tiempu pol medio haciendo lo mismo. Luego apondérolu o no. Y al que fixo el quesu felicitenlu o no. Eso depende. Y así queda clasificado el queso por virtudes o defectos humanos, de hombre s y muyeres.
En esta reunión el gusto por el queso se traduce en placer y en competencia, que son el crisol de donde saldrá la calidad. Ahí está el colectivo que hay que reunir para planificar. Ellos son los productores y los consumidores y saben la leche que se gusta, y el quesu que se apañen. El casu ye que yo no sé en qué grupo méteme pa no quedar sin cantar algo. Metéime donde queráis. Yo siempre estoy dispuesto. No quiero siquiera comerlo con gafas y si pudiera quitarme la barba, para poder entregarme con placer y humildad y sin otra intención que la de gozarla, lo haría. Pero otra vez será, que tengo que cuidar el look, la imagen, el semeyu.
Mientras tanto y antes de empapizame con ello voy a terminar diciendo: Viva el quesu D’Afuega’l Pitu. Viva la Hermandad de La Probe. Viva Morcín.

1984 los quesos astures en Babilonia
31/03/2026

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