06/09/2026
TINAJA JOSEFINA COTES
Esta vasija fue creada por unas manos que nunca imaginaron que, siglos después, alguien volvería a contemplarla con asombro.
Cuando salió del taller del alfarero no era una pieza de museo. Era un objeto cotidiano, destinado a servir. Guardó agua, aceite, vino o grano; acompañó comidas, trabajos, celebraciones y días comunes que la historia nunca escribió.
Sin embargo, el tiempo tiene sus propias preferencias. A veces olvida los nombres de las personas y conserva aquello que tocaron.
Por eso esta vasija es mucho más que barro modelado. Es un mensaje llegado desde otra época. Un puente silencioso entre quienes vivieron antes y quienes vivimos ahora.
Sus dibujos aún parecen querer decir algo. Quizá no podamos entender exactamente su lenguaje, pero sí reconocer la necesidad profundamente humana que los creó: la de dejar una huella, la de embellecer lo útil, la de decir: «Estuvimos aquí».
Y aquí sigue, después de tantos años, recordándonos que la vida de quienes nos precedieron no fue tan distinta de la nuestra. También ellos trabajaron, soñaron, amaron y esperaron, mientras sus manos se apoyaban sobre esta misma tierra convertida en vasija.
Espacio: patio. Donación: Josefina Cotes Porcel. Texto: Antonio Sánchez Sola.