Declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2010, el yacimiento arqueológico de Siega Verde alberga la mayor concentración de arte rupestre paleolítico al aire libre del mundo. Desde entonces se han llevado a cabo diversos trabajos de investigación y se ha creado el Aula Arqueológica para preservar y dar a conocer el enclave. Todos los grabados están al aire libre junto a la orilla del río Águed
a. Los hombres de la Prehistoria escogieron este lugar probablemente por ser una zona de paso para numerosos animales, ya que se trata del último vado del río antes de encajonarse en Los Arribes. Además existen muchas pozas naturales en las que es fácil encontrar agua incluso en las épocas de mayor sequía. Por lo tanto el enclave se convirtió en un privilegiado punto de observación y caza para los hombres del Paleolítico. Desde el Aula, es posible conocer los grabados más accesibles, a través de un recorrido acondicionado y dirigido, que tiene su punto de partida y destino en el Aula. Se han catalogado 94 paneles en los que se representan más de 600 animales, principalmente cérvidos, bóvidos y caballos, además de algunos signos esquemáticos. La representación de especies extinguidas propias de climas glaciares (como renos, rinocerontes lanudos y bisontes), semejantes a los documentados en el yacimiento de Foz Côa o incluso de la cornisa cantábrica, ha hecho que los expertos daten estos grabados en el Paleolítico Superior, es decir en torno a 20.000-12.000 años a. Las técnicas empleadas para realizar los grabados son el piqueteado (que delimita a base de puntos el contorno de la figura) y la incisión (o dibujo a través de una fina línea grabada). Además, y en ocasiones combinada con las técnicas anteriores, se usa la abrasión o raspado que da lugar a surcos más anchos y profundos.