31/08/2026
En cuatro obras, Goya elige qué merece brillar y nunca es el foco esperado:
- El 3 de mayo de 1808 (1814). Hay un farol en el suelo, pero la verdadera luz de la escena es otra: la camisa blanca del condenado, convertida en símbolo de inocencia.
- La Lectura (Pinturas Negras, h. 1820-1823). La camisa de la figura central forma un triángulo de luz que arde entre hombres sumidos en la sombra.
- ¡Qual la descañonan!, Los Caprichos nº21 (1799). Dos figuras oscuras despluman a una víctima semidesnuda, y es ella, no sus verdugos, el único punto de luz pura de todo el aguafuerte.
- Cristo en el huerto de los olivos (1819). La túnica de Jesús es el foco de luz de toda la obra.
Cuatro destellos, un solo genio. Adéntrate en la luz de Goya y descubre por qué nada es casualidad.