26/05/2026
Antes de elevar un rezo por otros, enciende primero la vela de tu propio espíritu.
Quien no ha aprendido a sostener su propia luz, reza desde el vacío…
y un rezo vacío no protege: abre puertas de carencia, tristeza y desamor.
Primero pide por ti.
Por tu cuerpo, por tu alma, por tu camino y tu abundancia.
Después, cubre con tu palabra sagrada a tu sangre, a tu hogar y a quienes caminan contigo.
Porque la oración también tiene orden.
Primero tu fuego.
Después tu linaje.
Y solo entonces, si tu corazón está lleno y tu energía en paz, podrás elevar un rezo verdadero por alguien más.
No invoques desde la herida.
No supliques desde la escasez.
Aprende primero a hablar con el universo para salvarte a ti…
y luego tus palabras tendrán fuerza para abrazar a otros.
La magia de un rezo no vive en las palabras, vive en la energía desde donde nace.
Gaby Sanchez.
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Toda la vida es un ritual ®