13/10/2025
Una superficie, sí, pero no una promesa, nunca una promesa, solo la constatación de una acumulación, de una capa sobre otra, de la materia que se resiste a la forma, que insiste en su propia y pesada existencia, en su propia y lenta descomposición ya anunciada desde el primer instante de su fijación en este plano, en este lienzo que es un campo de batalla minúsculo e infinito… y al contemplarla, esta textura que no es más que la huella de una fuerza ya ausente, la evidencia de un gesto que ha quedado atrapado en la sequedad del pigmento y la arena, pienso, no, más bien siento, la certeza de que este es el único lenguaje posible ahora, un lenguaje de grietas y de sedimentos, de restos, un lenguaje que no describe ni representa, sino que simplemente es, con la misma opaca y monumental inevitabilidad con la que un día cualquiera se desmorona lentamente una pared, o con la que las horas, las interminables horas, se acumulan en el silencio de una habitación vacía… y sin embargo, en esta desolación, en esta negación de la gracia, quizá, solo quizá, resida una verdad más profunda, una belleza no intencionada que emerge precisamente de la renuncia a ser bella, de la aceptación de lo fragmentario, de lo irrevocablemente dañado… y me pregunto, al final, si no será esta pesada, tangible y áspera verdad, el único consuelo real que nos queda.
Juan José Valtierra Óleo sobre tela