18/10/2025
La historia de Artesanías ixtenco ❤️
Todo comenzó con un hilo… y con una mirada.
Cuando conocí a mi esposa, jamás imaginé que en sus manos llevaba siglos de historia. Ella venía de nuestro querido Ixtenco, Tlaxcala, y desde niña había aprendido el arte del pepenado de su bisabuela, una mujer de sabiduría antigua que, entre hilos y agujas, le enseñó algo más que a bordar: le enseñó a bordar la vida misma.
Mi esposa empezó vendiendo sus piezas a su tía, Josefa Gaby de Melchor, una mujer de esas que no solo compran artesanías, sino que también dejan enseñanzas. Le decía:
“Con lo que ganes, hija, un día podrás comprar tus tortillas sin esperar a que nadie te las compre. Serás libre.”
Y vaya que tenía razón. Aquella frase se volvió un destino. Empezamos vendiendo nuestras piezas a otras artesanas, pero como en todo camino, hubo tropiezos: a veces no nos pagaban, a veces se olvidaban… y otras veces, mejor ni preguntar. Fue entonces que le dije a mi esposa:
“Pues si nos van a deber, ¡mejor nos debemos a nosotros mismos! Hagamos nuestra propia tienda.”
Y así nació Artesanías Ixtenco, con un triciclo de raspados, y con la ilusión de sacar adelante a nuestra familia. Después vino una bodeguita en casa que la abrimos un 23 de junio como primer local.
Con el esfuerzo de toda la familia nació oficialmente nuestro taller y tienda: “Artesanías Ixtenco”, un espacio donde combinamos el amor, la paciencia y el respeto por nuestras raíces.
Yo también quise poner manos a la obra —literalmente—. Aprendí a coser en máquina, a armar las blusas, y a participar en cada paso de nuestras creaciones. Hoy puedo decir que sé elaborar cada una de las piezas que salen de nuestro taller: desde una blusa de pepenado hasta un vestido de novia o un cuadro de semillas. ¡Y que nadie diga que los hombres no saben bordar!
Nuestros diseños de pepenado son únicos, porque están inspirados en lo que somos:
La boda otomí, reflejo del amor que une y perdura.
El tlachiquero, que proporciona la famosa “bebida de los dioses” el pulque que corre por nuestra historia.
La catedral y la iglesia de Ixtenco, testigos de nuestra fe y nuestra unión.
Los bailarines y San Juan Bautista, símbolo de la alegría de nuestro pueblo y nuestras fiestas.
Y el escudo de Tlaxcala, que llevamos en el corazón como estandarte de orgullo, fuerza y herencia cultural.
Hoy, después de más de 20 años, seguimos viviendo en el mismo pueblo que nos vio nacer y crecer. Nuestras dos hijas aprendieron a coser y bordar, y nuestra nietecita de cinco años ya toma la aguja entre sus dedos con esa emoción que solo da el descubrir un talento heredado. Sueña con hacer sus propias piezas, con tener su propio dinero, y —quién sabe— tal vez un día también con tener su propio triciclo de raspados o poder realizar cada uno de sus sueños.
Cada puntada que damos lleva el pulso de nuestra historia.
Cada hilo guarda un pedacito de nuestra tierra.
Y cada prenda que sale de Artesanías Ixtenco es un testimonio vivo de amor, esfuerzo y tradición.
Porque aquí, entre hilos, bordados y risas, hemos aprendido que el arte no solo se hace con las manos… también se hace con el corazón.