16/10/2026
¿Sabías qué? En 1542, el navegante de la fe, san Francisco Javier, llegó a Goa, en la India portuguesa. Aquel territorio, integrado desde 1510 en la red comercial del Imperio portugués, era uno de los principales puntos de encuentro entre Europa y Asia. Desde sus puertos circulaban mercancías, conocimientos, creencias y expresiones artísticas que transformarían la historia cultural de ambos continentes.
Décadas más tarde, los portugueses llegaron a Japón y abrieron una nueva etapa de intercambios. En ese contexto surgió el arte Namban, una expresión artística que refleja el encuentro entre la tradición japonesa y la presencia europea. Biombos con escenas de extranjeros, lacas negras ornamentadas con delicados motivos dorados, arcas y escritorios revelan la fascinación por un mundo hasta entonces lejano.
La historia también cruzaría el Pacífico hasta la Nueva España. En 1609, Rodrigo de Vivero y Velasco, antiguo gobernador de Filipinas, naufragó en las costas japonesas cuando regresaba a México. Su estancia le permitió conocer de cerca la sociedad japonesa y sus refinadas artes decorativas. A su regreso, sus escritos dejaron testimonio del interés que despertaban los objetos japoneses en los territorios americanos.
A través de las rutas marítimas que enlazaban Goa, Macao, Japón, Manila y Acapulco, las obras de arte viajaron junto con sus creadores, comerciantes y coleccionistas. Así, las lacas, los biombos y otros objetos decorativos se convirtieron en testimonios materiales de una primera globalización cultural.
El arte Namban nos recuerda que, mucho antes de nuestro mundo contemporáneo, los objetos ya eran capaces de cruzar océanos, unir culturas y contar historias.