14/05/2026
SEPULCRO BLANQUEADO
Sepulcro blanqueado con un ataúd de oro.
El ser humano, desde que elabora y celebra ritos con sus congéneres, se pregunta por las temáticas esenciales de la vida, la muerte y el más allá.
Y, la teología nos enseña sobre la muerte:
Dios, como Comunidad de Amor relacionada con la persona humana y con toda la creación ha creado todo para ser eterno. La muerte, en cambio, significa el fin absoluto de todo lo que de bueno y malo existe. En tanto que símbolo, la muerte es el aspecto destructivo de la existencia, designa aquello que desaparece en la evolución irreversible de las cosas. Por otra parte, la muerte nos introduce en los mundos del in****no o del paraíso. Las ciencias humanas y la experiencia mística perciben que en el ser humano, en todos sus niveles de existencia, coexisten la muerte y la vida como una tensión entre dos fuerzas contrarias. Tensión que se expresa en el conflicto entre la extinción inexorable de la vida física que se extingue con ella y el comienzo de una nueva forma de vida.
La muerte como liberadora de las p***s y preocupaciones -ella no tiene fin en sí misma- nos da acceso al reino del espíritu, a la vida verdadera. Por eso la muerte es considerada “Puerta de la vida”.
Si el ser humano que la muerte abate vive en un nivel espiritual, ella le revela los campos de la luz. Si, por el contrario, vive sólo en el ámbito de lo material o biológico, se queda en la sombra de los in****nos.