19/04/2026
EL TESORO PERDIDO DEL LEGO HERRERA
La leyenda de un saqueo insurgente que aún persiste en la memoria y en los cerros del Llano del Perro.
Hace más de dos siglos, San Luis Potosí fue escenario de saqueos, asesinatos y escondites de oro que marcaron la historia del norte y el oriente del país. Entre ellos, el del lego Luis Herrera, cuya fortuna oculta se convirtió en leyenda.
Una ola de sangre y oro
A finales de 1810, la independencia se desbordaba por el norte y el oriente mexicano, dejando tras de sí un rastro de muerte y saqueo. Las defensas españolas en Las Charcas, Real de Catorce, Matehuala, El Cedral y otros pueblos resultaron inútiles ante el avance de los insurgentes. Mariano Jiménez, potosino y enviado por Allende, comandaba a miles de hombres que crecían con cada realista que se unía a su causa. En su camino, la población europea huía con joyas, doblones y monedas de oro, buscando refugio que nunca encontraban, mientras la violencia se propagaba sin control.
Herrera: terror y saqueo en la zona media
Entre los saqueadores, el lego juanino Luis Herrera se destacó por su brutalidad. En Santa María del Río, fusiló a varios vecinos y trasladó a otros a la capital para asesinarlos. Su ambición no conocía límites: robaba y acaparaba todo lo que encontraba. Pero, la presencia del brigadier Calleja obligó a Herrera a abandonar San Luis y refugiarse en Rioverde, llevando consigo un ejército indisciplinado de más de tres mil hombres. Lo acompañaba el feroz Ildefonso Blancas, cuyos crímenes y apariencia be***al aumentaban el temor en los pobladores.
La caída en el Valle del Maíz
El 20 de marzo, los insurgentes entraron al Valle del Maíz. A pesar de organizar un baile para distraer a la población y cargar más tesoros, fueron sorprendidos por el coronel Diego García Conde. La resistencia fue breve: lanzazos, machetazos y cañonazos desbandaron a los insurgentes, quienes abandonaron artillería y botín. Herrera, Blancas y los principales cabecillas huyeron, pero pocos días después fueron capturados y fusilados, dejando tras de sí un tesoro parcialmente escondido que, según los historiadores, nunca fue recuperado en su totalidad.
El misterio del tesoro enterrado
Según relatos, Herrera enterró parte de su botín en varias cuevas del Llano del Perro, ayudado por su escolta. Algunos vecinos, como los Ortiz de Zárate, aprovecharon la confusión para ocultar monedas en sus corrales, guiados por indios pames. Con el tiempo, los rastros se perdieron, y el tesoro quedó envuelto en leyenda. Se dice que después de lluvias intensas, monedas españolas eran arrastradas por el agua, renovando la esperanza de buscadores aficionados.
Hallazgos fortuitos y fortuna compartida
Décadas después, un hallazgo inesperado cambió la vida de los habitantes del Valle del Maíz. Un cerdo de don Zeferino Martínez, escarbando en el corral, descubrió un caso de cobre lleno de monedas castellanas, enterrado con restos de zalea podrida. El hallazgo fue compartido con su medio hermano, don Genaro de la Torre, y convertido en pesos mexicanos en la Casa de Moneda de San Luis. Con la fortuna, ambos adquirieron haciendas que consolidaron su posición social y económica, perpetuando la leyenda del tesoro de Herrera.
Leyenda que perdura
Hoy, la historia de Luis Herrera y su tesoro se mantiene viva en la memoria de San Luis Potosí. El Llano del Perro sigue siendo un sitio donde curiosos y buscadores se aventuran tras cada aguacero, con la esperanza de encontrar monedas que puedan haber escapado de los saqueos insurgentes. La leyenda del lego Herrera, mezcla de terror, codicia y fortuna, sigue siendo un vínculo entre la historia, la memoria popular y la fascinación por los tesoros ocultos del viejo San Luis.
Periódico El Heraldo de San Luis Ago. 31 del 2025