03/03/2025
La actual campaña del mango en el Perú enfrenta una crisis sin precedentes🥭. La falta de lluvias aceleró la maduración del fruto, generando una sobreproducción en las principales regiones productoras –Piura, Áncash y Lambayeque– que saturó el mercado y desplomó los precios. A raíz de ello, se han perdido entre 10,000 y 20,000 toneladas a nivel nacional, según Midagri.
En enero de 2025, en el mercado mayorista de Piura, el precio del mango bajó un 77% respecto al mismo periodo del año pasado📉, situándose en S/1.07 por kilo (Midagri, 2025). En algunos casos, los precios ni siquiera cubren los costos de producción, profundizando las pérdidas de los agricultores.👩🌾
Ante esta situación, los productores han tenido que enterrar hasta 3,000 toneladas de mango semanales para evitar la proliferación de la mosca de la fruta🪰. Esta es una medida desesperada para impedir que los frutos caídos se conviertan en focos de plaga, poniendo en riesgo exportaciones y cultivos como el limón, la palta y la maracuyá.
La crisis del mango🥭 refleja un problema estructural más profundo: la vulnerabilidad de la agricultura peruana ante el cambio climático y la falta de infraestructura hídrica. Según Senamhi, Piura, Lambayeque y Áncash dependen de las lluvias para el riego🌧️, ya que carecen de represas y sistemas de riego tecnificado, lo que los expone a crisis recurrentes y limita la sostenibilidad de los cultivos. Sin acceso confiable a agua, los productores enfrentan conflictos y les resulta más difícil adaptarse a fenómenos climáticos extremos (Ramírez, 2015).
Para prevenir crisis similares, además del fortalecimiento de la infraestructura hídrica, es importante promover el uso de tecnología💡, en esa línea se deben implementar almacenes y técnicas de deshidratación para conservar excedentes, reducir el desperdicio y prolongar la vida útil de los productos, garantizando su disponibilidad fuera de temporada. Estas medidas no solo preservan la calidad del fruto, sino que también fortalecen la seguridad alimentaria y mejoran la rentabilidad de los productores (WFP, 2022; Acosta & Hernández, 2021).