24/01/2025
¿Será que somos nosotros los que minimizamos nuestra profesión y eso que tanto nos mueve por el simple hecho de que la sociedad, algunas veces, no valora esta carrera como de pronto se valoran otras en el mercado?
La inocencia de soñar algo, es muy diferente a la madurez de llevarlo a cabo, tener lo que se tiene hoy, sentirnos logrados no es nada más que haber tenido la madurez de construir lo que un día tuvimos la inocencia de soñar, dicho esto, bajo al llano y paso a invitarlos a mirar cualquier carrera profesional, desde la misma perspectiva de éxito, puesto que debemos tener, como seres humanos, la iniciativa de mover las miradas del mundo a analizar y estudiar con el mismo ímpetu la generación de un cambio en cualquier ámbito. ¿Sabían que Trump contrata artistas y creativos en su equipo para que lo ayuden a analizar sus inversiones con otros ojos?
Estar desatado al sistema por este preconcepto del artista que trabaja de madrugada, en silencio, sin horarios, suena increíble, sin embargo, escuchar como funciona el mundo, podría ser útil para comenzar a trazar un camino. Tomar el arte como un trabajo tradicional, podría ser una opción si no sabes por dónde empezar, ponerte un horario, formar una disciplina que haga que tu talento trace un punto de partida, es aquí donde la frase del gran Picasso me hace sentido “la inspiración llega, cuando te encuentra trabajando”, ocupar el tiempo en crear, puede ser, quizá, un gran punto de inicio.
¿Cómo le pones valor a tu arte?
Creyendo en ti.
Si no crees en tu talento, nadie será capaz de pagar por él. El valor de la pieza que se realice tendrá el valor de quien lo hizo. Creamos en que lo que hacemos, puede iluminar la oscuridad de alguien.
La inocencia es un gran diseñador pero un muy mal constructor, la inocencia sueña pero la madurez ejecuta. La victimización hunde y la disciplina construye, BUSCA, muchos fracasan, porque no han fracasado lo suficiente, recuerden que para crear lo fantástico, uno debe entender lo real, no dejes de intentar. No es el objeto/servicio que vendemos, sino el lugar en el que decidimos ofrecerlos y los ojos que le dan valor a lo que tanto nos costó construir.
Los quiero mucho, Vaes.